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20 de abril de 2021 Nº 0010

Por el equipo de analistas de

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JORDANIA

El fin del mito de la estabilidad hachemita

El pasado 3 de abril un terremoto político sacudió el reino Hachemita de Jordania. El Washington Post publicaba la desarticulación de una supuesta trama para derrocar al rey Abdulá II, cuyos cabecillas serían el príncipe Hamza, hermano del propio rey, y Bassem Awadallah, antiguo asesor real y enviado especial a Arabia Saudí. Una conspiración con supuestas conexiones internacionales sin detallar y sobre la que poca luz se ha arrojado aún, aunque algunos de sus detalles van siendo poco a poco desvelados.

Más allá de lo cierto que pueda haber en los acontecimientos, la realidad es que el país atraviesa una crisis económica y de gobernanza desde hace años y que la pandemia de coronavirus no ha hecho más que exacerbar. En los últimos diez años el ritmo de crecimiento de la economía jordana se ha ralentizado, la inversión extranjera ha disminuido enormemente y los diversos gobiernos no han sido capaces de atajar el déficit público. Esto ha resultado en un crecimiento del desempleo, que a finales de 2020 alcanza el 25% de la población activa y que el número de jordanos que viven bajo el umbral de la pobreza haya aumentado un 27% en el último año.

La solución a esta situación ha consistido en el aumento de la represión a través de la utilización de mecanismos legales para prohibir la protesta y la libre expresión de ideas mediante la detención de activistas y periodistas, la disolución violenta de manifestaciones y la censura y disrupción del ciberespacio. Las medidas tomadas para hacer frente a la pandemia han exacerbado esta tendencia, escenificando de forma nítida la creciente militarización de la vida pública.

Estos acontecimientos y la respuesta a los mismos parecen hablar de un régimen que se siente acorralado a nivel interno y externo y cuya única solución parece implicar una salida hacia delante a través de la coerción. Es en este marco donde la figura de Hamza emerge como una alternativa viable para el mantenimiento de la propia monarquía, seguir garantizando el apoyo de ciertas tribus y prestar atención a las demandas de la ciudadanía.

Evolución del PIB de Jordania

Evolución de intención de voto a las diferentes alianzas políticas

Fuente: The World Bank.
Gráfico: NÂR Research

Luchas internas por el poder

La mayoría de los análisis sobre Jordania siempre ponen énfasis en su estabilidad en medio de una región turbulenta. Lamentablemente, esta visión simplista se ve superada cuando hechos como el anterior acontecen, siendo imposible explicar el porqué de los mismos. Pero una mirada más detallada a la realidad política jordana demuestra que no tiene nada de sorprendente.

La supuesta trama ha sacado a la luz las conocidas tensiones en el seno de la familia real, que siempre habían sido solventadas de forma privada, aireadas cuando el propio Hamza decidió contar en vídeo su arresto domiciliario, contradiciendo así las primeras versiones oficiales de lo sucedido.

El mutismo oficial al respecto, acompañado de la consiguiente censura en la prensa local sobre la cuestión, dejó a los ciudadanos sumidos en la duda sobre lo que había acontecido realmente y fortaleció la posición de Hamza y de aquellos que cuestionaban la veracidad de la supuesta conspiración.

Pese a que la situación se intentó reconducir en la propia familia, con Abdulá II encomendando a su tío, el príncipe Hassan, resolver el asunto, el daño ya estaba hecho. Los sucesos ponen en cuestión la imagen de homogeneidad y unidad que el reino pone tanto empeño en transmitir. Debido a su activismo contra la corrupción y sus críticas al gobierno, Hamza se ha vuelto popular e incómodo a la vez, pues sus críticas resuenan en el lamento de muchos jordanos, y muchos monárquicos lo ven como el heredero natural del rey Hussein, pese a que Abdalá II le despojó de su título de príncipe heredero en favor de su hijo. Asimismo, es una muestra fehaciente de la creciente crisis existente entre la monarquía y algunas tribus debido a la ruptura del contrato social fundacional provocada por la crisis económica y la ausencia de recursos que permitan perpetuar el sistema clientelar en el que se basa la gobernanza del país.

Explorando la influencia extranjera

Inmediatamente después de conocerse el supuesto intento de golpe de estado, los aliados de Jordania se apresuraron a demostrar públicamente su apoyo al monarca. Inicialmente, numerosos analistas apuntaron a la supuesta implicación de Israel en esta desestabilización. El viceprimer ministro Ayman Safadi informó en rueda de prensa sobre un individuo con conexiones con servicios de inteligencia extranjeros que supuestamente habría ofrecido ayuda a la esposa del príncipe Hamza para escapar de Jordania en un avión privado, algo difícil de creer en un país con un espacio aéreo sumamente controlado.

La supuesta implicación israelí estaría justificada debido a la oposición jordana a la normalización de relaciones de otros países árabes con Israel, cuyo resultado sería la debilitación de la posición jordana y la pérdida de los privilegios recogidos en el tratado de paz de 1994, como la custodia de los lugares sagrados de Jerusalén. Sin embargo, y pese a la degradación de las relaciones entre Jordania e Israel en la última década, permitir o promocionar la caída de Abdulá es una línea roja para los servicios de inteligencia israelíes, que en numerosas ocasiones han provisto de valiosa información de inteligencia a sus contrapartes jordanos.

La realidad es que la enorme dependencia económica jordana del exterior no ha contribuido a mejorar la situación política, sino a atar aún más al país a los designios de las potencias regionales, convirtiendo a Jordania en una pieza más del tablero regional para los países del Golfo. A modo de ejemplo, Jassim Bin Hamad J.J. Al Thani, antiguo Primer Ministro de Catar, acusaba en su cuenta de Twitter a “uno de los países de la región” y a la anterior administración estadounidense de preparar el golpe debido a la oposición jordana a la normalización con Israel. Más allá de lo que pueda haber de cierto en estas afirmaciones, lo que demuestran es el uso de los problemas de los países menos poderosos en la guerra que mantienen Catar con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, pese a su supuesta reconciliación.

Los rumores de la implicación saudí van más allá de meros cuchicheos. Según informa Middle East Eye, la inteligencia jordana habría interceptado comunicación encriptada entre Awadallah y Mohammad Bin Salman (MBS), precipitando el viaje a Riad de Abdulá II y su hijo Hussein el pasado 8 de marzo para encontrarse con MBS y conocer si tenía su apoyo. Al parecer, MBS les habría dado el abrazo de la muerte, ya que la comunicación continuó después de dicha visita, lo que movió a Abdalá II a actuar contra Awadallah y Hamza, aunque la relación entre estos dos últimos no está clara, con distintas versiones sobre la duración y grado de la misma. Según la misma fuente, Awadallah estaría resentido contra el rey jordano por no nombrarle primer ministro en 2018 tras la dimisión de Hani al-Mulki, siendo en su lugar enviado a Riad, donde empezó a envenenar el oído de MBS. Sea como fuere, la realidad es que las relaciones entre Arabia Saudí y Jordania se han deteriorado en los últimos años, las promesas económicas saudíes no se materializan y MBS parece dispuesto a sacrificar a la monarquía hachemita en el juego regional.

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MAR NEGRO

Nubarrones sobre Ucrania

Si la reciente llamada de Joe Biden a Vladimir Putin parecía haber disipado parte de la tensión en la frontera ruso-ucraniana, la posterior imposición de sanciones estadounidenses a Rusia ha vuelto a elevarla. Analistas militares ucranianos creen que la situación óptima para un ataque ruso, desde un punto de vista logístico y de acumulación de recursos y tropas, se dará a lo largo de esta semana, por lo que conviene vigilar muy de cerca este escenario. Y si esta escalada acaba desembocando en un conflicto de mayor envergadura -algo que está por ver, y sobre lo que muchos expertos son escépticos-, Turquía jugará necesariamente un papel fundamental.

Lo quiera o no, Ankara es un actor clave en esta situación: es parte de la OTAN y, como garante de la Convención de Montreux, custodia el acceso de otras flotas militares al Mar Negro a través del Bósforo. Además, ha suplido al ejército ucraniano con drones de combate Bayraktar TB2, que tan buenos resultados le dieron a Azerbaiyán en su reciente guerra con Armenia. El pasado 10 de abril, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y el turco Recep Tayyip Erdogan hicieron en Estambul una declaración conjunta de 20 puntos, en la que ambos países rechazaron “la anexión ilegal de Crimea” y exigieron la “desocupación del Donbas”. Y Turquía se ha comprometido a apoyar las aspiraciones de Ucrania a entrar en la OTAN.

En respuesta, medios propagandísticos vinculados a Rusia han incrementado su retórica contra Erdogan, acusándole de enviar a Ucrania una vanguardia yihadista que incluiría combatientes chechenos y tártaros para tratar de recuperar Crimea. Eso no significa que Turquía y Rusia vayan a ver deterioradas sus relaciones, puesto que Ankara insiste en mantener los sistemas de armamento rusos S-400 pese a la oposición de sus socios de la Alianza Atlántica, y ambos países han logrado armonizar sus intereses en escenarios a priori opuestos, como Siria, Libia o el Cáucaso.

La decisión estadounidense de cancelar el envío de dos barcos de guerra al Mar Negro para evitar inflamar la situación le ha evitado, de momento, un quebradero de cabeza al gobierno turco -que ya en 2008 prohibió una iniciativa similar durante la guerra de Georgia, y que en esta ocasión podría haberse visto obligado a posicionarse en uno u otro sentido-. Turquía sabe que apoyar a Ucrania es una buena manera de contrarrestar el peso de Rusia en su flanco noroccidental sin apenas coste político, pero no desea verse arrastrada a una confrontación directa. Por ahora, la coexistencia con Moscú parece a salvo, a la espera de ver qué sucede en las próximas semanas en el Donbas.

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TURQUÍA-GRECIA

Reconciliación en marcha pero con dificultades

Grecia y Turquía han comenzado a trompicones su proceso de reconciliación. La reunión entre los ministros de Exteriores griego, Nikos Dendias, y turco, Mevlüt Çavusoglu, en Ankara el pasado 15 de abril -en la que también participó el presidente Recep Tayyip Erdogan- culminó con ambos enzarzados en una dura discusión sobre sus diferencias durante la rueda de prensa, lo que da una idea de las dificultades a las que se enfrenta el proceso. El que los ministros mostrasen una postura dura frente a las cámaras y utilizasen un lenguaje muy poco diplomático tiene que ver, probablemente, con la necesidad de que sus respectivas opiniones públicas y partidos de la oposición no les acusen de blandura frente al adversario.

Pero, pese a la mala imagen ofrecida, el proceso de deshielo está en marcha y, según explicó posteriormente Dendias al diario Kathimerini, se trabaja en un nuevo encuentro y en la preparación de una reunión a nivel de jefes de gobierno. Además, se irá avanzando en las cuestiones menos espinosas como la cooperación económica, en la que trabaja el viceministro de Exteriores, Kostas Fragogiannis. La reunión entre los ministros de ambos países fue precedida de dos reuniones exploratorias de veteranos diplomáticos en un formato que había quedado suspendido hace cinco años. Además, en lo que va de año, Turquía ha dejado de enviar fragatas y buques de exploración de hidrocarburos a las aguas en disputa con Grecia y Chipre, algo que se logró tras la mediación de varios países, entre ellos España.

Turquía ha dado un giro en su política exterior y, tras la agresividad mostrada en los últimos dos años, ahora es más contenida. De hecho, Ankara ha extendido ofertas de reconciliación no sólo a Grecia, sino también a Egipto, Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, a la vez que ha reducido el tono frente al Gobierno francés. Todos estos países habían forjado un eje anti-turco en el Mediterráneo Oriental con pactos energéticos, incremento de los lazos políticos y ejercicios militares conjuntos que amenazaban con dejar a Turquía completamente bloqueada. La amenaza de sanciones por parte de la Unión Europea, así como la actitud más dura de la nueva Administración de EEUU -y su creciente cooperación militar con Grecia-, han terminado de convencer a Ankara de la necesidad de un golpe de timón.

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Alianzas en la región

Azul: alianza griega / Rojo: alianza turca

Gráfico: NÂR Research

MEDITERRÁNEO ORIENTAL

Poder griego emergente

La reciente crisis por el taponamiento del canal de Suez ha servido para recordar a Europa la importancia de las rutas comerciales transmediterráneas. Entre las mencionadas disputas políticas y energéticas, Grecia está tratando no solo de consolidarse como el referente en recepción de mercancías que es, sino además auparse para convertirse en el eje de dos rutas importantes: África Oriental-Europa y Oriente Próximo-Europa.

Entre sus ventajas está su sólida relación económica, militar y comercial con Egipto, con quien firmó en 2020 un acuerdo de delimitación de Zonas Económicas Exclusivas, y puertos como el del Pireo, operado por firmas chinas como los puertos egipcios. A esta relación se le añaden sus lazos con Chipre y sus buenas migas con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, amistades reforzadas por las brechas abiertas con Turquía.

El enfrentamiento con Ankara es, además de la pertenencia griega a la UE, otro acicate para la significación de Grecia, que será destino de un cable eléctrico procedente de Egipto, un incipiente exportador energético. Las conexiones ferroviarias con Europa Central y África este, respectivamente, contribuyen a este papel potencial, que Atenas intentó representar durante el foro Filia de principios de este año.

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COMERCIO

Mercancías de Turquía a España a toda vela

Un nuevo servicio de transporte logístico une las orillas mediterráneas de Turquía y España y promete acelerar los tiempos de entrega de mercancía incluso a Portugal. El sistema Ro-ro (Roll-on, Roll-off, en el que los buques transportan los camiones de mercadería listos para desembarcar y circular), cuyo músculo lo aporta la empresa Ekol Logistics, prevé recorrer la ruta marítima Esmirna-Tarragona en 60 horas, un tiempo menor al habitual de transporte terrestre.

Mercancía textil -principal bien de exportación de Turquía a España-, pero también contenedores de aislamiento y mercancías peligrosas tendrán espacio en el servicio, una de cuyas ventajas, en tiempos de pandemia, es la no necesidad de que un mismo conductor se traslade de un país al otro, con su consecuente ahorro de costes en visados y test PCR. Aparte, este sistema supone una reducción de la huella ambiental. Si desea saber más de este servicio póngase en contacto con nosotros a través de [email protected].

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Todas las señales que llegan de Viena dan a entender que hay terreno abonado para alcanzar un acuerdo para revivir el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o acuerdo nuclear). La idea que transmiten las fuentes consultadas es que hay voluntad de llegar a entendimientos antes de las elecciones presidenciales iraníes -cuando muy probablemente un Ejecutivo más intransigente tome las riendas-, pero matizan que la vía abierta es todavía sensible a sacudidas externas, como el segundo sabotaje israelí en las instalaciones nucleares de Natanz en pocos meses.

Tanto iraníes como estadounidenses tienen un plan B, pero prefieren el A. EEUU puede permitirse el prolongar las sanciones porque su coste en Seguridad es aún sostenible -aunque Teherán ha demostrado tener capacidad de sorprender y generar un daño financiero notable en los aliados regionales de Washington-; Irán acaba de firmar un acuerdo con China que le permite mantener un volumen creciente de exportaciones de crudo a ese país, mientras que su trabajo para reducir su dependencia del petróleo le garantiza un crecimiento positivo en 2021.

Pero iraníes y estadounidenses han concluido que enterrar el hacha de guerra es más rentable que extender la tensión y están dispuestos a entenderse. Todavía no se ha explicado cómo se romperá el impás creado por la negativa de unos y otros a ser el primero en revertir sus medidas -sanciones y procesos nucleares-. La posibilidad más factible es que EEUU conceda exenciones graduales, o 'mire hacia otro lado' con ciertas actividades comerciales iraníes. Eso permitiría a Teherán sortear las sanciones, renunciar a sus medidas nucleares y, a la Casa Blanca, defender la idea de que ninguna sanción fue levantada antes de que Irán revirtiera sus pasos.

Esta semana continuarán las conversaciones técnicas sobre una posible hoja de ruta, con vistas a una nueva ronda de diálogo político. Entretanto, se ha sabido que Irán y Arabia Saudí trabajan para descongelar las relaciones rotas en enero de 2016, otro foco de tensión regional. Un proceso está interconectado con el otro. En NÂR Research consideramos que, si bien la meta es todavía difusa, se está trabajando con solidez hacia un entendimiento regional que proporcione estabilidad -y el retorno de inversiones extranjeras a Irán- a medio plazo.

Lluís Miquel Hurtado, Analista de NÂR Research