Image
6 de abril de 2021 Nº 0009

Por el equipo de analistas de

Image

TURQUÍA

¿Qué busca Erdogan?

En noviembre, el Gobierno turco se embarcó en lo que en NÂR Research definimos como una ofensiva de terciopelo para salvar la economía: cambiaron los dirigentes a cargo de las finanzas -que iniciaron una política ortodoxa para recuperar la confianza de los mercados-, se anunció una reforma judicial y se prometió un mayor respeto de los derechos humanos; se retiraron los barcos del Mediterráneo Oriental y se iniciaron conversaciones con Grecia a la vez que se lanzaron ofertas a otros vecinos para normalizar las relaciones con el objetivo de poner fin a su aislamiento. Todo esto se derivaba de la elección de Joe Biden como presidente de EEUU y del realineamiento -o corrección- de posiciones que ha conllevado en Oriente Próximo.

Sin embargo lo ocurrido en las últimas semanas (inicio de ilegalización del HDP, retirada de la Convención europea contra la violencia machista y destitución del gobernador del Banco Central) indica un nuevo giro de 180 grados, al menos en la política interior y en la economía (en política exterior aún mantiene la actitud negociadora). ¿Por qué sucede esto?

Cálculos políticos

En NÂR creemos que estos movimientos, más que reflejo del creciente autoritarismo del Gobierno (que también lo son), son un síntoma de la creciente fragilidad de Erdogan, que ha entrado en un modo de contención de daños y de cálculo electoral.

El inicio del proceso de ilegalización del HDP, principal partido kurdo de Turquía y tercero mayor del Parlamento, era una exigencia del partido de extrema derecha nacionalista MHP, integrante junto al islamista AKP de la Alianza del Pueblo (Cumhur) que sostiene a Erdogan en el poder. El líder del MHP, Devlet Bahçeli, sin necesidad de un puesto en el consejo de ministros, se ha convertido en un timonel que marca el rumbo al Ejecutivo incluso en el aspecto ideológico, que cada vez recuerda más a la síntesis turco-islámica promovida por la Junta Militar de 1980.

Quizás por ello, para no ser acusado de responder sólo a las demandas de los ultranacionalistas, Erdogan se vio en la necesidad de contentar también a las bases más islamistas y conservadoras de su partido con la salida de la llamada Convención de Estambul contra la violencia machista, un tratado europeo aceptado por la inmensa mayoría de la población y los partidos de Turquía.

Evolución de intención de voto a las diferentes alianzas políticas

Fuente: Media móvil de las encuestas de las principales empresas demoscópicas de Turquía.
Gráfico: NÂR Research

Estas decisiones, tienen sus riesgos: la ilegalización del HPD, de producirse, alienaría a muchos votantes kurdos que apoyaban al AKP. Y la insistencia en los viejos lemas del islamismo más tradicionalista –si bien le sigue permitiendo contener a ciertos sectores con el miedo a que si gana la oposición pondrá en en peligro su modo de vida conservador- está alejando a una generación de jóvenes conectada con el resto del mundo a través de internet o Netflix, que además tiene otras preocupaciones: la escasa calidad de la educación, los bajos salarios, el creciente paro juvenil.

Puede también dificultar los intentos de Ankara de normalizar las relaciones con sus socios occidentales. Por el momento, Erdogan ha salvado un Consejo Europeo -en el que se le ha ofrecido una agenda positiva a cambio de que reduzca la agresividad de su política exterior- pero el hecho de que tomase estas decisiones poco antes de la reunión con la cúpula europea ha sido considerado por varios representantes europeos como una “provocación” y una demostración de la “falta de sinceridad” de las promesas de Erdogan. Una fuente diplomática europea advierte, además, de que “hay varios países que le tienen ganas a Turquía” (fundamentalmente Francia y Grecia) y eso podría traducirse en futuras sanciones. Por su parte, el presidente de EEUU, Joe Biden, sigue sin telefonear a Erdogan y su Administración espera pasos en firme de Turquía antes de hacer una aproximación, mientras busca alternativas a su despliegue militar en suelo turco, principalmente la isla griega de Creta.

Índice NÂR de popularidad política

Índice elaborado a partir de los datos de encuestas de aprobación de políticos de las empresas MetroPoll, AREA y Konsensus, combinados con la intención de voto directa a cada posible candidato de las principales encuestadoras de Turquía y con varios subíndices de elaboración propia (índice de rechazo e índice de aprobación fuera del partido al que pertenece). El resultado numérico no debe tomarse como un equivalente a la intención de voto directa sino que sirve exclusivamente a fin de comparar tendencias

Gráfico: NÂR Research

Erdogan ha llegado a la conclusión de que, tras varios cambios de alianzas, le es imposible expandir más su base electoral y lo que intenta hacer con estas medidas es fomentar la polarización para evitar el desgaste de su actual base electoral y que aquellos votantes desencantados -fundamentalmente por la situación económica- no se pasen a la oposición. “Aunque el voto de la oposición ya supera al de la coalición gobernante y la mayoría de los turcos [60%] es pesimista sobre la evolución del país, las diferencias no son insalvables para Erdogan, sobre todo teniendo en cuenta que la población todavía no ve a la oposición como una alternativa de gobierno mejor”, sostiene Özer Sencar, de la empresa demoscópica Metropoll.

El caso judicial contra el HDP también le puede servir al Gobierno para dividir a la oposición, ya que los partidos opositores más nacionalistas difícilmente alzarán la voz contra la ilegalización de una formación acusada de lazos con el grupo armado kurdo PKK.

Si bien tanto Erdogan como su aliado Devlet Bahçeli han dejado claro que no habrá elecciones hasta 2023, la frágil situación indica que cada vez es más plausible que se adelanten los comicios -no a este año, sino probablemente a 2022-. En realidad no tiene mucho sentido adelantar el calendario electoral, pues supondría echar medio mandato presidencial a la basura. Por otro lado, el AKP y el MHP buscan aprobar un cambio de la ley electoral que les beneficie frente a la oposición, pero para que entre en vigor debe pasar al menos un año desde su aprobación.

Sin embargo, como señala el politólogo Berk Esen, cuanto más tarde en convocar las elecciones “más posibilidades hay de que aumente la popularidad de los alcaldes [opositores] de Ankara y Estambul y más posibilidades de que den el salto a la política nacional y se enfrenten a Erdogan en las elecciones”. Como se puede observar en nuestro recién creado Índice NÂR de popularidad política, el alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, y el de Ankara, Mansur Yavas, están a la altura de Erdogan o lo han superado (al mismo tiempo que dentro de la propia alianza gobernante comienzan a despuntar figuras como la del ministro de Interior, Suleyman Soylu, que concita gran apoyo entre sectores nacionalistas). Para contrarrestar la popularidad de estos alcaldes, el Gobierno intenta poner todas las trabas posibles al gobierno municipal: estrangulando su financiación y transfiriendo a instituciones bajo su control la propiedad de ciertos espacios públicos como las orillas del Bósforo o, más recientemente, el parque de Gezi, en un momento en que el Ayuntamiento de Estambul iba a iniciar un proyecto de renovación que había sido votado por la población. El tiempo dirá si estas estrategias le sirve a Erdogan para mantenerse en el poder.

Image
VIOLENCIA MACHISTA

Un modo de contentar a los ultraconservadores

En la madrugada del 20 de marzo, el presidente Erdogan retiraba a su país por decreto del Convenio de Estambul del Consejo de Europa, que establece un marco legal común para prevenir y luchar contra la violencia de género y doméstica. Considerado como el primer documento internacional vinculante de este tipo, la retirada provocó una protesta generalizada de grupos de mujeres en varias ciudades del país, pues consideran que supone un gran revés para los derechos de las mujeres en un país con altos índices de violencia de genero y feminicidios (en 2020, más de 300 mujeres fueron asesinadas).

La respuesta de las autoridades fue que las leyes nacionales son suficientes para garantizar los derechos de las mujeres. Asimismo, un comunicado del departamento de presidencia afirmaba que “la Convención ha sido secuestrada por un grupo de personas que han intentado normalizar la homosexualidad, algo incompatible con los valores sociales y familiares de Turquía", un discurso similar al de los ultraconservadores de Europa oriental. ¿Qué persigue Erdogan con ello?

La medida se produce en medio de una erosión significativa del apoyo a la coalición de gobierno y es posible que tenga el objetivo de revitalizar su base de votantes más conservadora, insatisfecha con la recesión económica con altos índices de inflación, desempleo y pobreza. De ahí el gesto simbólico, similar a la reconversión de Hagia Sofia durante el pasado verano.

Las congregaciones religiosas o tarikat, que han recuperado su poder tras la caída en desgracia de la organización del predicador Fethullah Gülen, siempre han sido importantes como instrumentos de movilización del voto de ciertos sectores religiosos y también para atraer fondos hacia el partido, por los que el AKP ahora debe competir con otras formaciones islamistas y conservadoras: el Saadet Partisi, el DEVA del exministro Ali Babacan o el GP del expremier Davutoglu, todas ellas encuadradas actualmente en la oposición.

Pero, dado que el AKP ha perdido el control de parte de la Administración -los principales ayuntamientos del país tras las elecciones de 2019-, y debe compartir el Gobierno central con el MHP (que ha introducido a miles de seguidores en los ministerios), se ha reducido la capacidad de Erdogan para repartir prebendas y negocios entre estos y otros grupos que le apoyan.

De ahí que el reparto de beneficios se dé cada vez más en el ámbito cultural. Y de ahí también que sea previsible que aumenten los discursos sobre la importancia de la familia tradicional y contra la comunidad LGBT (una cuestión, esta última, que no había sido primordial del discurso del AKP hasta hace un par de años), o también la presión contra las mujeres de ámbitos conservadores que deciden quitarse el velo.

Otra opción es que Erdogan busque romper la alianza opositora atrayéndose con estos gestos al Saadet o a sus votantes. Por último, refuerza la imagen de líder fuerte del propio presidente (y la deriva autoritaria de su proyecto político), ya que no solo mantiene sino que intensifica el nivel de represión hacia organizaciones de la sociedad civil que se “atreven” a desafiar sus políticas.

Image
CONFLICTO KURDO

El pulso al HDP debilita a la oposición

Exigencia de Devlet Bahçeli también fue ilegalizar el izquierdista pro kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP), una línea roja que difícilmente el AKP -quizás por haber sufrido en sus propias carnes el trauma del intento de clausura hace trece años, a manos de los secularistas- hubiese cruzado en solitario. Por el momento, el Tribunal Constitucional ha devuelto la moción al fiscal del Tribunal de Casación por defectos de forma -lo que ha motivado que Bahçeli llame a cerrar el mismo Constitucional-.

El HDP es la tercera fuerza parlamentaria y la dominante en el sureste de Turquía, de mayoría kurda, donde sólo el AKP logra algo de lustre en las urnas. Qué ocurrirá en caso de cierre del partido queda en manos de sus actuales dirigentes, casi todos perseguidos bajo acusaciones de "terrorismo" por lazos con la guerrilla kurdoturca PKK. Así se desprende de una encuesta reciente del Centro de Investigación Socio Política sobre el Terreno hecha en la región kurda.

Entre sus conclusiones destaca la visión negativa del intento de cierre, mayoritaria entre los votantes de las fuerzas opositoras (un 67,3% en el caso del CHP y un 59,4% en el del IYI) y notable en el AKP (30%), frente al 18,5% de los votantes del MHP. Estos resultados ayudan a confirmar la creencia, entre los analistas de NÂR, de que un eventual cierre no lograría atraer votos al AKP pero sí contribuiría a debilitar la oposición. De hecho, la encuesta confirma el estigma persistente en la región respecto al CHP. Sólo un magro 38,2% de los votantes de la principal fuerza opositora cree que deberían solidarizarse con el HDP en caso de ilegalización.

El HDP tiene una larga historia de reencarnaciones. Sus dirigentes proceden de formaciones proscritas en el pasado. Esto nos lleva a concluir que, de clausurarse este partido -el primero que trató de aunar el voto kurdo más rural y el voto turco de izquierdas-, sus políticos podrían tratar de estirar todo lo posible el opresivo marco legal presente para intentar presentar un nuevo partido, posiblemente de perfil más etnicista kurdo.

Otra de las conclusiones de la citada encuesta es el creciente desencanto de los kurdos con la política. Es la consecuencia más grave de la represión contra los representantes electos y podría suponer un caldo de cultivo para futuros conflictos.

Image
BANCO CENTRAL

Cuarto gobernador en menos de dos años

El fulminante despido del gobernador del Banco Central, Naci Agbal, menos de cinco meses después de haber sido nombrado para el cargo, ha pillado por sorpresa a todos los actores económicos del país. La prensa turca y las fuentes económicas ofrecen dos posibles razones para esta sustitución. Una es que Agbal pretendía investigar el uso de unos 120.000 millones de dólares en reservas del Banco Central y los bancos públicos para mantener a flote la lira durante el mandato de su antecesor: el problema es que el verdadero artífice de esta política había sido el entonces ministro de Finanzas y yerno de Erdogan, Berat Albayrak. Éste presentó su dimisión en noviembre tras lo que, presuntamente, había rencillas con su suegro y el equipo presidencial. Sin embargo, en las últimas semanas, Erdogan había tratado de restaurar el honor de Albayrak, defendiéndolo ante los ataques de la oposición y con la vista puesta, quizás, en una vuelta del yerno al consejo de ministros.

La otra razón que se baraja es la subida de intereses de 200 puntos básicos decretada por Agbal el 18 de marzo. Durante los cuatro meses y medio al frente del Banco Central, Agbal había logrado estabilizar una lira en caída libre, pero lo hizo a un alto coste: subir los intereses del 10,25% al 19%. Aunque la mayoría de patronales habían aplaudido la gestión de Agbal, esta tasa de interés suponía un obstáculo para ciertos sectores económicos. Especialmente para el de la construcción -muchos de cuyos empresarios están fuertemente ligados al partido gobernante-, que había empezado a recuperarse de la crisis derivada de la pandemia, pero cuyo crecimiento se veía ralentizado por el incremento de los costes hipotecarios.

El cambio de Agbal por un exdiputado del AKP y columnista del diario islamista Yeni Safak, Sahap Kavcioglu, fue recibida con grandes caídas de la lira y salida de capitales (será el cuarto gobernador en menos de dos años). El martes pasado, las caídas se acentuaron de nuevo después de que Erdogan ordenase también la sustitución del vicepresidente de la entidad emisora, poniendo una vez más en entredicho la independencia que, sobre el papel, tiene garantizada el Banco Central.

Evolución del cambio €-TL y gobernadores del Banco Central

Gráfico: NÂR Research

Kavcioglu ya ha advertido de que no habrá una bajada de intereses inmediata sino que esperará a que se estabilice la divisa y se modere la inflación. Pero, llegado el momento, Erdogan ordenará que los baje para así forzar una burbuja de crédito barato que espolee el crecimiento, como ocurrió en 2020, cuando el PIB turco se incrementó un 1,8% a pesar de la pandemia. Sin embargo, también se incrementó el desempleo, especialmente entre los sectores más pobres, y el crecimiento no benefició a los trabajadores (la participación de las rentas del trabajo en el PIB se redujo del 31,3% al 29,4%). Es, además, un crecimiento que se evapora enseguida pues la alta inflación -de entre el 16%, según cifras oficiales, y el 36%, según otros cálculos- se come todas las ganancias.

Las agencias de rating ya han advertido de que podrían recortar la nota crediticia y Goldman Sachs ha reducido la previsión de crecimiento para Turquía en 2021 del 5,5 al 3,5%. Las exportaciones podrían beneficiarse de una lira a la baja, si bien las importaciones se encarecerán (incluida la energía). Teniendo en cuenta que el turismo no se recuperará a niveles pre-pandemia, es previsible que el déficit por cuenta corriente de Turquía siga siendo un problema a menos que Ankara renegocie a su favor los contratos de suministro de hidrocarburos con Rusia y Azerbaiyán -lo cual es posible- y que el progresivo empobrecimiento de la población lleve a una fuerte caída de las importaciones.

Image
MANIFIESTO

La crítica militar del Canal Estambul desata otra crisis

El Gobierno ha convertido un manifiesto firmado por 104 ex almirantes de la Armada en una nueva oportunidad para dividir y debilitar a la oposición, y quizás emprender una nueva purga en las Fuerzas Armadas Turcas (FAT).

El manifiesto alertaba de las posibles consecuencias adversas de la planeada construcción de un canal artificial en Estambul y, tal y como se ha especulado en los últimos tiempos, de una eventual salida de la Convención de Montreux de 1936, que regula el tráfico marítimo por los estrechos turcos.

Paradójicamente, entre las 14 personas cuyo arresto se ha ordenado por el manifiesto está el eurasianista Cem Gürdeniz, cuya facción había ganado enteros dentro las FAT tras el golpe fallido de 2016 y la purga de los vinculados a la cofradía del expredicador Fethullah Gülen. La doctrina maximalista que Gürdeniz propugna, llamada Mavi Vatan (Patria Azul), ha inspirado la política reciente del Gobierno turco en el Mediterráneo Oriental, confrontándolo con Grecia y Chipre y poniendo en alerta a la UE.

El reputado analista militar Metin Gurcan sugiere que los eurasianistas podrían estar rompiendo filas tanto por sus principios ideológicos -el manifiesto incluye la crítica a un militar que se fotografió con atuendo islámico- como por desacuerdo con los recientes esfuerzos del Ejecutivo de retirar al tradicionalmente autónomo Estado Mayor atribuciones sobre los relevos de personal, en beneficio del Ministerio de Defensa, una de cuyas consecuencias podría ser más influencia política e ideológica del actual Gobierno en las FAT.

La oposición ha respondido con una aparente divergencia planeada: el CHP ha defendido el derecho de los exalmirantes a expresarse y ha acusado al Presidente de victimismo; su socio, IYI Parti, ha criticado el manifiesto. En NÂR creemos que esta acción persigue acaparar todos los votos posibles para neutralizar la estrategia de polarización y fragmentación impulsada por Erdogan.

Image
Image

En los últimos años, numerosos países han mostrado su recelo por una política turca que consideran expansionista. La cuasi ocupación turca del norte de Siria, su intervención en el conflicto libio del lado del Gobierno de Acuerdo Nacional o su creciente presencia en las costas del Mar Rojo no son vistos con buenos ojos por muchos países árabes.

El apoyo de Turquía a Catar frente al bloqueo impuesto en 2017 por parte de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto, acrecentó la competición regional en el Mediterráneo Oriental, escenificada en el escenario libio donde ambos bandos se implicaron militarmente. Por otro lado, el enfrentamiento con Chipre y Grecia por las exploraciones de hidrocarburos en las costas chipriotas y la delimitación de las aguas territoriales firmado con Libia han avivado el conflicto con el país heleno, que pidió el establecimiento de sanciones contra Turquía por parte del Consejo de la UE, creando un cisma interno en la Unión.

Desde hace unos meses estas políticas están dando un giro, en cierta manera influenciadas por el cambio de administración estadounidense. Arabia Saudí y Emiratos extendieron una invitación a la reconciliación a Catar, rebajando las tensiones con Turquía, lo que a su vez llevó a un sorprendido Egipto a jugar sus cartas con Ankara que ha tenido consecuencias visibles en el escenario libio. Otros actores deberían aprovechar esta desescalada generalizada en el Mediterráneo Oriental para avanzar en la ventana de oportunidad que se ha abierto para resolver el conflicto en Libia.

Victoria Silva, Analista de NÂR Research