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16 de febrero de 2021 Nº 0006

Por el equipo de analistas de

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Propaganda gubernamental turca en una calle de Afrín. Foto: Lluís Miquel Hurtado

La inestabilidad siria puede afectar a Turquía

NÂR Research ha visitado la región de Afrín, en el noroeste de Siria. El área, apenas un 2% del territorio sirio y ocupado militarmente por Turquía desde marzo de 2018, refleja las consecuencias de una década de guerra en Siria y los retos para el futuro inmediato. El principal es la seguridad.< p/>

Antes de la operación Rama de Olivo, Afrín, bajo control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), había experimentado un notable crecimiento demográfico y económico. Pasó de 90 a 400 mil habitantes en ocho años; su industria, con sus 18 millones de olivos como base, se revitalizó gracias a la inversión de los retornados, entre ellos empresarios kurdos venidos de Europa. Eso permitió desarrollar sectores como el textil.< p/>

La ofensiva turca con apoyo de fuerzas opositoras sirias, con el objetivo de expulsar a las FDS -el grueso de sus filas es leal a la guerrilla PKK, designada 'grupo terrorista' por Turquía y la UE- trastocó la situación: cerca de 150 mil personas huyeron a otras zonas de las FDS o gubernamentales y parte del tejido productivo, así como de las infraestructuras hidráulicas, quedaron dañadas.< p/>

Consciente del lastre que puede suponer para su debilitada economía el mantenimiento de Afrín, Turquía trata de reflotarlo. Ha reconstruido su mayor embalse, extendido tendido eléctrico a la mayoría de núcleos urbanos y acondicionado clínicas y carreteras.< p/>

Un elemento clave será el flamante paso fronterizo Rama de Olivo (Zeytin Dali), que ofrece una conexión directa y segura entre Turquía y la ciudad de Afrín. Esta vía permite la exportación de mercancías para su comercio en el exterior -un ejercicio no exento de controversia porque no cuenta con el beneplácito del Gobierno soberano de Siria- y la entrada de suministros.

Áreas según control en el noroeste de Siria

  • Rojo: Fuerzas del Gobierno sirio
  • Amarillo: FDS, Fuerzas Democráticas Sirias (milicias prokurdas)
  • Verde: Turquía y milicias rebeldes aliadas
  • Gris: OLL, Organización para la Liberación del Levante (salafistas y yihadistas)
Fuente: Live UE Maps. Gráfico: NÂR Research

Pese a la relativa calma lograda por la presencia turca después de tres años en la zona -menor en comparación con la fase anterior de dominio kurdosirio, pues Afrín jamás fue objetivo de ataques gubernamentales-, tres elementos hacen peligrar su estabilidad:

  • Las prácticas de pillaje, extorsión y secuestro de civiles a manos de elementos opositores. El más denunciado es el Frente del Levante que, además, ha protagonizado combates urbanos entre facciones del mismo grupo. Se estima que varios cientos de personas han sufrido agresiones de este tipo, principalmente con móvil económico.
  • Los atentados en áreas bajo control turco, en especial los más recientes ocurridos en Afrín, Al Bab y A'zaz. Turquía los atribuye a acciones organizadas por las FDS desde el exterior, con cierto apoyo de elementos locales. No descartamos otros responsables como la Organización para la Liberación del Levante (OLL).
  • La superpoblación de desplazados internos. Hay unos 400.000 en Afrín, procedentes sobre todo del centro y sur de Siria, lo que ha supuesto un choque cultural con la población nativa. El mayor reto son, sin embargo los cerca de 3'5 millones de desplazados en la cercana región de Idlib, al sur.
Maquillaje extremista

Idlib es la última gran zona bajo control opositor. Después de años de deterioro de la situación, complejos juegos de lealtades y choques entre milicias alzadas, una fuerza que mantiene su fidelidad a la red yihadista Al Qaeda, llamada Organización para la Liberación del Levante (Hayat Tahrir al Sham, u OLL), heredera del Frente Nusra, ha impuesto su hegemonía militar y administrativa.

Lo segundo es especialmente significativo porque, estableciendo una suerte de administración civil y un aparato judicial -basado en la ley islamica o sharía-, la OLL ha 'burocratizado el terrorismo', mandando una doble señal: pretende establecerse por un período prolongado y aspira a ser un interlocutor aceptable de cara al exterior.

En NÂR Research consideramos que esta estrategia no es nueva. Ya la desarrolló el Estado Islámico -se han hallado documentos que prueban una relación burocrática limitada con entidades turcas- y, más recientemente, la han adoptado los Talibán, logrando pactar con los EEUU y negociando una cuota de poder en el futuro Afganistán.

Parte del plan de la OLL para suavizar su imagen de grupo armado extremista está consistiendo en elevar la exposición mediática de su antaño evasivo líder, Abu Mohamed Golani. Recientemente se dejó fotografiar luciendo americana -con el consecuente impacto en los círculos salafistas- junto con el periodista de la cadena PBS estadounidense Martin Smith, invitado a Idlib para una entrevista.

Creemos que esta estrategia de maquillaje puede servir para mejorar tibiamente sus finanzas -gracias a donaciones de simpatizantes extranjeros- e incluso para engrasar la difícil relación de la OLL con Turquía -la OLL se ha opuesto a todos los acuerdos de reducción de hostilidades entre Ankara y Moscú-, pero está abocada al fracaso.

EEUU ha dado a entender que la OLL seguirá siendo tratada como 'grupo terrorista' -no en vano, el líder del Estado Islámico fue hallado en una zona bajo control de la OLL- y ha recordado que sobre la cabeza de Golani pesa una recompensa de 10 millones de dólares.

Esta situación puede tener efectos adversos para la seguridad. La estrategia de la OLL puede tener detractores entre las filas yihadistas, lo que podría desembocar en la formación de nuevos grupos armados insurgentes, como ha ocurrido en el pasado.

Dados los lazos que la insurgencia tiene con elementos dentro de Turquía, durante años base logística de algunos de estos grupos, cualquier choque entre fuerzas opositoras rivales puede resultar en incidentes en suelo turco. Asimismo, como ya explicamos en el anterior boletín, el reciente repunte de actividad del EI en Irak y Siria puede suponer otro reto para las fuerzas de seguridad turcas.

Desplazados en Idlib. Al fondo, estela de un cazabombardero ruso. Foto: Lluís Miquel Hurtado
Presión demográfica

La aviación de Rusia, apoyo de un Gobierno sirio virtualmente vencedor de la guerra, ha bombardeado esporádicamente Idlib en las últimas semanas. Aunque no vemos estos ataques como un adelanto de una ofensiva oficialista inminente -entre otras razones, por la precaria situación económica de Siria, sobre todo por las sanciones CAESAR-, es cierto que estos castigos a la población civil fomentan su desplazamiento hacia el norte: Afrín.

Estas oleadas de desplazados tienen consecuencias fuera de Siria. Presionan la frontera turcosiria, con el consecuente peligro de desbordamiento y de otro drama humano tanto en Turquía -que ya acoge a 3,6 millones de refugiados registrados-, como en las fronteras externas de la UE, como ya ocurrió hace un año. Su permanencia en Afrín, el territorio más próximo a Idlib donde refugiarse, también exige a Turquía un esfuerzo logístico y militar para copar con los recién llegados sin perder el control de la región.

Tres escenarios

En vista de la situación sobre el terreno, en NÂR Research hemos diseñado tres escenarios susceptibles de desarrollarse en el noroeste de Siria durante los próximos meses, ordenados de menos a más probable:

  1. Guerra total. Probabilidad: BAJA Las Fuerzas Armadas Sirias lanzan un ataque a gran escala sobre Idlib e incluso sobre todo el eje Idlib - Yarabulus (orilla del Éufrates), con apoyo de milicias chiítas iraníes y de la aviación rusa. Turquía no ejerce una resistencia significativa. Huida de millones de desplazados a la región de Afrín y potencial desbordamiento de la frontera turcosiria, con el consecuente peligro de catástrofe humanitaria, y riesgo de intensificación de la actividad insurgente extremista -OLL y grupos afines presentes en la región-.
  2. Statu Quo. Probabilidad: MEDIA Rusia y Turquía prolongan el alto al fuego acordado hace justo un año, en medio de la última ofensiva oficialista. Las fuerzas gubernamentales, financieramente mermadas, optan por retrasar sus planes de avanzar sobre Idlib para retomar todo el territorio perdido. La OLL materializa su objetivo sin una significativa resistencia interna, evitando estallidos de violencia. Esporádicos bombardeos rusos y la pauperización económica fuerzan cierta cantidad de desplazamientos a Afrín, beneficiada por el apoyo turco.
  3. Ofensiva limitada. Probabilidad: ALTA Con o sin un pacto previo con Turquía, Rusia lanza una campaña de intensos ataques aéreos al sur de Idlib, que le permiten cierto. El objetivo primordial es recuperar el control de la M4, la autovía que conecta Alepo y Lataquía. La población clave a retomar es Jisr al Shugur, junto a dicha vía. Turquía se ve obligada a enviar refuerzos militares a Idlib -sobre todo si no hay acuerdo con Rusia- y a extender su apoyo logístico a Afrín, que recibe a cientos de miles de desplazados. La frontera es escenario de intentos masivos de saltar el muro.
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TURQUÍA

El alza de precios aumenta la conflictividad laboral

El pasado fin de semana los trabajadores de la fábrica de Baldur en Turquía cumplieron 50 días en huelga. Aunque el conflicto en esta filial de la española MBHA -que suministra a la planta turca de Daimler-Mercedes- se prolonga desde hace cuatro años, con constantes recursos en los tribunales (los representantes de los trabajadores acusan a la empresa de despedir a compañeros por su actividad sindical), el trasfondo es una creciente conflictividad laboral derivada del alza de precios, a la que se une la crisis provocada por la pandemia de Covid-19. Actualmente, están en huelga las fábricas en Turquía de la alemana Mahle, la sueca HSK y las turcas Ekmekçioglu y Parla Solar, en el sector del metal, así como la turca Migros y la alemana Döhler, del sector alimentación. Y los sindicatos se preparan para nuevas movilizaciones si las negociaciones con la patronal no llegan a buen puerto.

Si bien a nivel macroeconómico Turquía ha capeado relativamente bien el temporal de la pandemia (cerró 2020 con un ligero incremento del PIB y ni el déficit presupuestario ni la deuda pública se han disparado a niveles alarmantes), la situación económica de las familias y de multitud de empresas es cada vez más preocupante.

El pasado diciembre, las negociaciones entre Gobierno, patronal y sindicatos para revisar el salario mínimo interprofesional se prolongaron durante varias semanas y fueron más tensas de lo habitual. Mientras la patronal TISK alertaba de que una subida alta supondrá despidos (oficialmente prohibidos durante la pandemia, aunque se siguen produciendo) y mayor trabajo en negro, las tres confederaciones sindicales presentaron un frente unido pese a sus diferencias ideológicas y reclamaron un aumento superior a la inflación oficial (14,6%). Cada vez hay menor confianza en las cifras del Instituto de Estadística de Turquía (TÜIK) y otros cálculos alternativos de los precios, como el del grupo ENAG, sitúan la inflación real en el 36,7 %. Presionado el Gobierno por las constantes quejas que recibe el presidente Erdogan en sus encuentros con la población, finalmente aceptó subir el salario mínimo un 21,56% y fijarlo en 3.577 liras brutas, o 2.826 netas al mes (unos 325 euros), algo que no dejó satisfecha a ninguna de las partes.

Algo más de la mitad de los 14 millones de trabajadores con contrato de Turquía cobran el salario mínimo (otros 5 millones trabajan de manera informal con condiciones peores). Los cálculos de la confederación sindical TÜRK-IS indican que el gasto mínimo mensual de un trabajador soltero es de 3.222 liras, mientras que el umbral de la pobreza para una familia de cuatro miembros se sitúa en 8.638 liras (de las cuales un mínimo de 2.652 liras corresponden a la alimentación). También hay que tener en cuenta que los alquileres de la vivienda se renegocian cada año según la inflación.

¿Hacia una huelga del metal?

Una vez cerradas estas negociaciones se han abierto las conversaciones sobre los convenios sectoriales, que prometen ser duras. En el sector del metal, los sindicatos reclaman menos flexibilidad laboral y un aumento salarial del 35 %.

Para muchas empresas es difícil, cuando no imposible, asumir un incremento del gasto en personal de tal magnitud, teniendo en cuenta la caída de la demanda que ha provocado la pandemia a nivel global y la incertidumbre sobre el futuro. Los vaivenes de la divisa turca también dificultan la planificación en un país como Turquía que ejerce un rol intermediario (ensamblaje) en la cadena productiva: su cotización llegó a superar las 10 liras por euro en noviembre, encareciendo el suministro de combustible y materias primas (habitualmente vienen de fuera), pero su rápida apreciación (8,4 por euro), de continuar, podría restar competitividad a las exportaciones turcas. Para los trabajadores, la depreciación de la lira y el consiguiente alza de precios han mermado considerablemente su capacidad adquisitiva.

Una fuente sindical advierte de que las huelgas en Baldur, HSK y otras empresas podrían “servir de ensayo” a las que están por venir si la patronal sectorial del metal (MESS) no se aviene a sus demandas. Algunas empresas extranjeras que no pertenecen a MESS se han apresurado a renegociar las condiciones con sus trabajadores para evitar futuros conflictos.

También podría suceder que el Gobierno esté teniendo cierta permisividad con huelgas puntuales en ciertas fábricas más pequeñas, especialmente las extranjeras, para que los sindicatos se desahoguen antes de una eventual prohibición de una huelga general de todo el sector.

Si bien en los últimos años el Gobierno ha restringido el derecho a huelga y ha prohibido una decena, no hay que perder de vista la capacidad movilizadora de los sindicatos turcos del metal. Por ejemplo, en la primavera de 2015, una huelga en una fábrica de componentes para la automoción se extendió a las principales plantas de Renault, Fiat e industrias auxiliares, parando la producción durante semanas, hasta que las empresas dieron su brazo a torcer. Los trabajadores exigían mejoras salariales y, a la vez, acusaban al principal sindicato del ramo, Türk Metal (de la confederación TÜRK-IS), de situarse del lado de los empresarios, por lo que desde entonces este sindicato ha adoptado una posición más reivindicativa. En 2018 también se convocó una huelga general en el metal pero fue prohibida por el Gobierno, si bien algunas fábricas continuaron los paros y sus trabajadores lograron ciertas mejoras.

Principales confederaciones sindicales de Turquía
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Fuente: Ministerio de Familia, Trabajo y Servicios Sociales de Turquía. Gráfico: NÂR Research
Incremento de la afiliación

Los sindicatos turcos se organizan fundamentalmente en tres grandes confederaciones. Tras décadas de progresiva reducción de la afiliación sindical (antes del golpe militar de 1980 más de la mitad de los trabajadores estaban afiliados a un sindicato, pero en 2013 era sólo el 8%), el número de trabajadores sindicados se ha doblado en los últimos años hasta llegar casi a los 2 millones (14% de todos los trabajadores con contrato), y ello pese al endurecimiento de la legislación laboral y sindical. Es cierto que buena parte de las nuevas afiliaciones se concentran entre los empleados no-funcionariales de organismos públicos y sus subcontratas. Todos los sindicatos han aumentado su base, pero especialmente la confederación HAK-IS, cercana al partido gobernante, que concentra el 60% de nuevos afiliados.

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LÍBANO

La crisis social no deja de agravarse

Desde el pasado 25 de enero, Trípoli vive una ola de protestas debido a la precaria situación económica, agravada por la pandemia. Aunque la mayor parte de la protesta es pacífica, algunos enfrentamientos con las fuerzas del orden han resultado en al menos dos fallecidos, cientos de heridos y decenas de detenidos.

Las protestas se iniciaron como respuesta al confinamiento impuesto por las autoridades desde el 7 de enero para hacer frente a la última ola de contagios por coronavirus, pero son un síntoma más de la grave crisis que atraviesa el país desde 2019 y que ha costado la pérdida de sus medios de vida a cientos de miles de personas, la devaluación de la libra libanesa en más de un 80%, una inflación galopante y una crisis política sin precedentes.

Las protestas de Trípoli no se han extendido a otras ciudades por el momento, pero sí que se han producido concentraciones en Beirut frente al Tribunal Militar para pedir la liberación de los detenidos en la ciudad norteña. A estas concentraciones les han seguido otras por el asesinato del editor Lokman Slim el pasado 4 de febrero. Slim fue hallado muerto por arma de fuego en su vehículo en el sur del país, y aunque gran parte de la sociedad libanesa ha condenado el asesinato, incluido el partido Hizbulá, la mayoría de libaneses sospechan de su autoría, ya que Lokman eran un famoso crítico de la organización chií.

Aunque las protestas masivas en Beirut y otras ciudades están siendo contenidas debido a las medidas existentes contra la pandemia, la paciencia de los libaneses está agotada. Ni siquiera la campaña de vacunación, que arrancó el pasado 14 de febrero, permite augurar una recuperación económica y social que los actores políticos no dejan de obstaculizar con sus maniobras.

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COVID-19

Riesgo de una tercera ola en Turquía

En el último mes, Turquía ha notificado 400 casos de contagios por las nuevas mutaciones del virus SARS-CoV-2 originadas en Reino Unido, Sudáfrica y Brasil. Se ha detectado en al menos 33 provincias lo que da una idea de su extensión. El rápido descenso en el número de contagios diarios con el que Turquía dejó atrás la segunda ola de la pandemia (noviembre-diciembre) se frenó bruscamente en la cuarta semana de enero y, desde entonces, se detectan entre 6.000 y 8.000 casos diarios. Es probable que las actuales medidas en marcha y que habían mostrado su efectividad (confinamiento en festivos, cierres de ocio y restauración), no sean suficientes para frenar variantes más contagiosas.

Si bien con los datos en la mano no se puede afirmar que Turquía esté entrando en una tercera ola, sí que hay varias tendencias que no invitan al optimismo. La primera es que el número de test diarios se ha reducido casi hasta la mitad desde los cerca de 200.000 diarios que se hacían a principios de año, y ello pese a que la proporción de los que dan positivo lleva tres semanas en aumento (actualmente en torno al 6%). La incidencia acumulada también ha crecido ligeramente en las últimas dos semanas y se sitúa en 131 casos por 100.000 personas durante 14 días. En la última semana, el número de nuevos hospitalizados diarios también ha repuntado y el de casos activos se mantiene estable en torno a 84.000.

Evolución de la COVID-19 en Turquía
Fuente: Ministerio de Sanidad de Turquía. Gráfico: NÂR Research

El modelo de análisis de NÂR Research aún no detecta un exceso de mortalidad claro por provincia, pero sí que percibe algunos indicios de que la tendencia podría empezar a cambiar en las próximas semanas. El epidemiólogo Bülent Ertugrul cree, de hecho, que Turquía se halla en un “periodo puente” entre la segunda y tercera ola, un momento en que, sin llegar a reducir las infecciones al mínimo, se da paso a un nuevo incremento. Varios expertos creen que esta tercera ola se producirá en marzo.

El Ministerio de Sanidad ha anunciado que en las próximas semanas comenzará a ofrecer datos desagregados de contagios a nivel geográfico y se endurecerán o relajarán las restricciones según la situación de cada región o provincia. Por otro lado, unos 4 millones de turcos ya han recibido la primera dosis de la vacuna CoronaVac (China) y otros 630.000 las dos dosis preceptivas.

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IRAK

El Papa pone a prueba la 'diplomacia religiosa'

El primer viaje de Francisco I tras el inicio de la pandemia, del 5 al 8 de marzo, será uno de los más arriesgados para un Papa que jamás ha sido de ver las cosas desde el burladero. La gira iraquí, bajo el lema 'Todos somos hermanos', pondrá a prueba a las fuerzas de seguridad iraquíes tras un período de protestas, represión y con milicias chiítas y el Estado Islámico protagonizando ataques.

El Sumo Pontífice visitará Bagdad, Nayaf, la planicie de Ur, Mosul -antaño ocupada por el EI y destruida durante los combates para expulsarlo-, el pueblo cristiano de Qaraqosh y Erbil, capital de la Región Autónoma del Kurdistán. Se reunirá con políticos locales y ofrecerá cuatro discursos, dos homilías y un rezo.

Si bien la mayoría enfoca este viaje como un espaldarazo a la menguante comunidad cristiana iraquí, especialmente perseguida durante las últimas décadas, en NÂR Research creemos que el encuentro previsto con el ayatolá Alí Sistani será especialmente significativo.

Sistani es una de las figuras más importantes del chiísmo y, como tal, tiene un papel relevante como dirigente político en la sombra para toda la comunidad chiíta, mayoritaria en Irak y la vecina Irán. Juntos, Francisco y Sistani tienen la oportunidad de poner en práctica la 'diplomacia religiosa', que puede contribuir sobremanera a rebajar la tensión e incluso propiciar el diálogo regional.

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La mayoría de regímenes políticos ocupan una 'zona gris' entre el autoritarismo hermético y la democracia plena. En otras palabras, dichos regímenes no se establecen ni como claramente democráticos ni completamente autoritarios. Se los llama regímenes híbridos. En ellos, una parte de la sociedad está alineada con el Gobierno y otra excluida: no tiene voz ni influencia en el proceso de toma de decisiones. En Oriente Medio, pese a las revoluciones antiautoritarias de las que se cumple ahora una década, la evolución de estos regímenes nos deja tres escenarios.

Túnez fue el único país donde el triunfo de la Primavera Árabe inició un proceso de transición democrática. Pero su futuro es incierto. Desde mediados del pasado mes, varias ciudades han presenciado el enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Si bien el país ha sido testigo de hechos similares durante la última década, la falta de un liderazgo político ha permitido la irrupción de un movimiento ligado al régimen anterior, y la economía aún se tambalea por los mismos desequilibrios que desencadenaron los protestas de 2011.

El segundo escenario es el establecimiento de una nueva forma de autoritarismo tras el fracaso de la transición democrática, retorno al statu quo. Es el caso de Egipto, donde, a la caída de Mubarak y un breve gobierno islamista, le siguió un golpe del actual presidente al-Sisi, que depuso al Gobierno, clausuró su partido y lo declaró, junto a la Hermandad Musulmana, organización terrorista. Todo ello con un aumento de la represión, la censura y el control sobre la ciudadanía.

Siria es el tercer escenario, como Yemen y Libia, donde se han llevado a cabo pequeñas reformas sin efectos sustanciales en el carácter autoritario de sus sistemas políticos. Los levantamientos quedaron aplastados por las propias dictaduras junto a la injerencia geopolítica de potencias como Rusia, Estados Unidos o Irán, que anteponen sus intereses a costa de las demandas populares.

Imanol Ortega, Analista de NÂR Research