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2 de febrero de 2021 Nº 0005

Por el equipo de analistas de

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Rusia usa el Mar Rojo como puerta de África

Los países bañados por el Mar Rojo, así como el Cuerno de África y el Sahel se han convertido en los últimos años en un territorio de competición militar, política y económica para cada vez más países: China, Francia, Turquía y, ahora, Rusia. Impulsada por el éxito de su despliegue en Siria (2015), Moscú trata de replicar en África ese modelo.

Su estrategia, aunque oportunista, es útil para expandir su influencia en la región maximizando los réditos. Entre las ventajas respecto a sus competidores están el que Rusia no pide cuentas políticas a los Gobiernos y el apoyo de tropas irregulares, que permite al Kremlin imponerse por la fuerza sin rendir cuentas.

El pasado mes de diciembre, Rusia anunció la firma de un acuerdo con Sudán para establecer una base naval en Port Sudan por un periodo de 25 años. Esta posición a orillas del Mar Rojo, que le dotará de más poder en sus aguas, servirá también de apoyo logístico a sus intervenciones en el África subsahariana.

El negocio de las armas como acicate

La estrategia africana de Rusia ha mantenido un perfil bajo hasta hace poco. Incluso su participación en los esfuerzos contra la piratería, en las costas de Somalia y el Golfo de Adén en 2008, no contribuyeron por aquel entonces a su expansión geopolítica.

El activo que le ha abierto las puertas africanas es el armamento. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), el 36% de las importaciones de armas entre 2015 y 2019 por parte de países del África Sub-Sahariana provienen de Rusia. Se trata de un incremento del 8% respecto al periodo 2014-2018, lo que indica la velocidad con la que Rusia se ha convertido en un proveedor de confianza para los países africanos, pese a que las importaciones totales de armamento son un 49% más bajas que hace diez años.

La huella rusa en África

Países coloreados según sus respectivos Valores del Indicador de Tendencia (TIV), expresados en millones. Magnitud explicada aquí. Valores totales entre 2015 y 2019.

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Fuente: Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Gráfico: NÂR Research

Esta estrategia le ha permitido consolidarse como el mayor proveedor de armamento en Etiopía y Eritrea. En 2019, Addis Abeba importó 71 millones de dólares de armamento, convirtiéndose en el principal cliente de la región subsahariana. La oferta de un programa ruso de cancelación de deuda sirvió para blindar los contratos.

En el caso de Eritrea, Rusia ya partía de una posición ventajosa antes del levantamiento de las sanciones en 2018, puesto que nunca había dejado de venderle armas. Sin embargo, en otros países como Somalia y Yibuti, los fuertes lazos militares con países occidentales impiden al Kremlin hacerse con el liderazgo en la venta de armamento.

Este creciente interés de Rusia por África quedó claro en la Cumbre Rusia-África que tuvo lugar en Sochi en octubre de 2019, a la que asistieron numerosos mandatarios africanos, que mostraron su deseo de “ver a Rusia de vuelta” en el Cuerno de África.

Cooperación y expansión

Otra herramienta útil para los rusos es la firma de acuerdos de cooperación en defensa con distintos países, lo que dota al Kremlin de una gran influencia en sus gobiernos. En abril de 2018, Rusia y Etiopía firmaron un acuerdo de cooperación en Defensa que posibilitó el envío de mil oficiales navales, en diciembre de 2019, para ser entrenados en Rusia.

Pero esta cooperación también tiene un lado oscuro. Existen rumores de que el golpe de estado que se produjo en Malí en agosto de 2020 podría haber sido instigado por Rusia. Dos de los instigadores habían estado presuntamente formándose el año anterior en Moscú. Las autoridades rusas se apresuraron a condenar la asonada, ya que las sospechas no contribuyen a afianzar su reputación como martillo de las contrainsurgencias.

El Kremlin ha sabido vender bien su modelo de contrainsurgencia a estados autoritarios de toda África, que lo han elogiado. También ha explotado a su favor los conflictos desatados o el desencanto de las poblaciones nativas frente unas intervenciones militares occidentales que no han conseguido frenar amenazas como la del yihadismo.

Los despliegues rusos se han apoyado o complementado con efectivos del Grupo Wagner, la compañía de seguridad propiedad de un hombre cercano al Kremlin y que, según se cree, actúa como su ejército en la sombra. Libia, Mozambique o Madagascar son algunos de los escenarios. Sólo en los dos primeros han participado en tareas de combate -en otros casos, de adiestramiento-. Con todo, los efectivos de Wagner no han sido decisivos en ninguna de las misiones que se les atribuyen. En República Centroafricana, incluso, el Kremlin juega a dos bandas, vendiendo armas tanto al Gobierno como a los rebeldes de la coalición Seleka.

En los países del Cuerno de África, Rusia tiende a ser imparcial y no toma partido por ningún bando en los conflictos regionales, desarrollando relaciones amistosas con todos con el objetivo de establecer una presencia permanente en la costa del Mar Rojo, clave en su estrategia de expansión naval entre el Mediterráneo y el Índico.

Pese a los rumores de un posible establecimiento en el puerto de Berbería, en Somalilandia, y de un centro logístico en Eritrea, finalmente será Sudán quien aloje una base naval con capacidad para 300 militares, como señalamos al inicio. Adicionalmente, la forja de fuertes lazos con el Consejo Transitorio Sureño de Yemen podría brindarles otra pica en el Golfo de Adén.

Impacto de la presencia rusa

Esta creciente presencia rusa no deja indiferente al resto de actores globales que tienen intereses en la región. Rusia ve la presencia China en la región como beneficiosa, aunque la base militar china en Yibuti podría suponer un giro hacia una Ruta de la Seda más militarizada e intervencionista. Posibles fricciones pueden desarrollarse en el futuro debido al doble juego ruso de venta de armas a gobiernos y facciones rivales, que contribuye a la desestabilización regional, desbaratan los esfuerzos diplomáticos chinos para la resolución pacífica de conflictos y amenazan las inversiones chinas en el continente.

Por otro lado, Rusia y Francia están desarrollando una dinámica competitiva a lo largo del continente, intentando aprovecharse de la preocupación de los países africanos por el exceso de confianza en China. En este sentido, Francia ha fortalecido relaciones con países como Nigeria, mientras que Rusia se ha adentrado en el patio francés, desarrollando estrechas relaciones con los regímenes de Malí y Chad, aunque ambos comparten la firme creencia en la necesidad de una estabilidad autoritaria.

Asimismo, el Kremlin se dedica a sabotear las ambiciones regionales de Estados Unidos, desacreditando su política regional en países como Somalia y Etiopía a través de una guerra de información facilitada por la fuerte presencia del canal Russia Today en árabe en muchos países de la zona. Además, la retirada de las tropas americanas de Somalia no contribuye a fortalecer la presencia estadounidense en la zona. En una de las últimas decisiones de la administración Trump, Estados Unidos no sólo pone en una situación comprometida a los somalíes en su lucha contra la organización extremista al-Shabab, sino que los deja a merced de otros socios como rusos o turcos.

El establecimiento de la base naval rusa en Sudán también levanta sospechas entre los turcos, quienes firmaron un principio de acuerdo para la renovación de un antiguo puerto otomano en Suakin en 2017 (proyecto cancelado tras ser derrocado el régimen de Omar al Bashir), y sobre la posibilidad de que los barcos rusos sustituyan a la misión naval Atalanta de la UE contra la piratería, cuyo mandato expiraba a finales de diciembre de 2020.

Pese a todo, gran parte de la estrategia rusa en África es dependiente de su política en Oriente Medio, prevaleciendo el interés ruso en no alienar a ninguno de sus socios, incluyendo Egipto y los países del Golfo Pérsico, aunque conscientes de la ventaja estratégica que esta creciente presencia les otorga en relación con sus rivales.

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TURQUÍA

Ultranacionalismo: clave en el futuro político

La mayoría de análisis sobre la política turca -incluida la exterior- siguen anclados en razonamientos basados en el islamismo de su Gobierno. Sin embargo, en NÂR Research creemos que es imprescindible trasladar el foco a otro elemento ideológico que cada vez cobra más importancia: el nacionalismo. Factores externos e internos -la existencia del conflicto kurdo o la llegada de varios millones de refugiados sirios con perspectiva de quedarse en Turquía-, así como la propia narrativa histórica oficial, contribuyen a ello.

Aún más: tras casi 20 años de AKP en el poder, el islamismo ha perdido la imagen de ideología transformadora que tenía cuando era un movimiento de oposición. No quiere decir esto que el islamismo haya perdido toda capacidad de movilización, pero sí que en Turquía el debate girará cada vez más en torno a términos y símbolos nacionalistas.

No hay que olvidar que el Gobierno del presidente Erdogan depende del sostén del partido ultraderechista MHP -que ha evolucionado de un filofascismo proestadounidense en los 1970 a un soberanismo identitario- y de parte de la corriente eurasianista-ulusalci -fuertemente nacionalista e ideológicamente rojiparda-. De hecho, en los últimos años se han multiplicado las quejas de los elementos más liberales dentro del AKP -mayormente en privado- por el peso que están adquiriendo los ultranacionalistas en la todos los estamentos del Estado y de Devlet Bahçeli, líder del MHP, en la definición de las políticas de gobierno.

En los discursos del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, un lema se ha convertido en constante: “yerli ve milli” (local y nacional). Armamento de producción nacional, industria nacional... incluso el recién acuñado concepto de "siber vatan" o "ciber-patria" -la creación de un entorno digital de redes sociales y aplicaciones de mensajería desarrolladas y controladas por Turquía-.

Creciente apoyo a los partidos ultranacionalistas

Porcentaje de voto en elecciones generales, locales (L) y en últimas encuestas (E)

  • MHP: Partido del MovimientoNacionalista (1969) 
  • BBP: Partido de la Gran Unidad (escisión de 1993)
  • IYI Parti: Partido Bueno (escisión de 2017)
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Fuente: Seçim Haberler. Gráfico: NÂR Research

Pero el auge nacionalista no es sólo cosa del campo pro-gubernamental, sino que se trata de una tendencia transversal. El apoyo de Bahçeli a los planes presidencialistas de Erdogan en 2017, provocó la escisión de un grupo de diputados que formaron el IYI Parti, algo que, en lugar de restar votos, ha contribuido a aumentarlos -conjuntamente, ambos partidos suman más apoyo que antes de la división-. Y tanto como el MHP ha ganado influencia en el campo pro-gubernamental, lo ha hecho el IYI en la oposición gracias a su carismática líder, Meral Aksener. Lo muestran las continuas ofertas de Erdogan y Bahçeli para que se sume a la coalición gobernante, algo que -ha dicho Aksener- sólo aceptaría sopesar si es a cambio de un retorno al sistema parlamentario. Igualmente, otra muestra de la competencia por el espectro de voto nacionalista son los crecientes ataques verbales -también físicos- que están sufriendo periodistas y políticos antiguamente vinculados al MHP pero que se han pasado a la oposición.

En una reciente conversación, el politólogo Halil Karaveli, experto en la derecha turca, coincidía en que el nacionalismo decidirá la política turca en los próximos años y citaba, entre otras razones, una encuesta en la que el 22% por ciento de los jóvenes de 18 a 24 años se identifican como “ülkücü” (ultraderecha nacionalista), mismo porcentaje que quienes se identifican como kemalistas, seguidores de Mustafa Kemal Ataturk, y superior a quienes se identifican como "conservadores" y como "islamistas".

La principal formación de la oposición, el CHP, en el que conviven facciones que van desde la izquierda socialdemócrata al nacionalismo conservador, también ha buscado apelar al movimiento ülkücü: su líder, Kemal Kiliçdaroglu, ha hecho el símbolo del lobo en varios actos de campaña; el Ayuntamiento de Estambul, en manos del CHP, ha dedicado un parque a Nihal Atsiz -escritor racista, filonazi y panturquista, precursor del movimiento ülkücü- a instancias del IYI Parti, y se ha colocado como cabezas de lista del partido a destacados militantes de la derecha nacionalista, como el hoy alcalde de Ankara, Mansur Yavas.

Ilegalización en Francia

El pasado noviembre, Francia ilegalizó el movimiento Lobos Grises, tras un ataque en Lyon contra un monumento armenio y varias manifestaciones de nacionalistas turcos contra Armenia en ciudades francesas. “Lobos Grises” no existe como grupo sino que es un apodo que se utiliza para definir una serie de organizaciones de base ligadas al movimiento ülkücü, como los Hogares Idealistas (Ülkü Ocaklari), y los grupos paramilitares que en el pasado estaban vinculados al MHP. Varios partidos en Holanda y Alemania han pedido medidas similares. Esto ha sido duramente criticado en Turquía, que ha salido en defensa de los ülkücü. El MHP, por su parte, lleva meses exigiendo la ilegalización del principal partido kurdo de Turquía, el HDP.

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IRAK

Los 'hermanos' kurdos se enzarzan en el norte

Los kurdos son vistos como un grupo étnico homogéneo, ignorando divisiones históricas, geográficas e ideológicas. Prueba de estas diferencias es la creciente tensión entre el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (GRK) y el grupo armado PKK -de origen kurdo-turco y considerado terrorista por la UE, EEUU y Turquía- y sus socias, como la milicia kurdo-siria YPG o la milicia yazidí de Sinjar YBS.

Ankara lleva años criticando la inacción de Erbil y Bagdad ante la presencia del PKK en su territorio y tomándose la justicia por su mano, con crecientes incursiones y estableciendo bases en el norte de Irak. Sin embargo, en los últimos meses, la Administración central y la kurdo-iraquí parecen haberse avenido a las demandas turcas, y han iniciado operaciones contra el PKK.

El pasado 8 de octubre, el jefe de seguridad del paso fronterizo de Duhok, Ghazi Salih, fue asesinado a tiros a la puerta de su casa. El ataque pudo ser una advertencia a lo que se iba a consolidar al día siguiente, es decir, la firma de un acuerdo entre Bagdad y Erbil que pretende restaurar la seguridad en Sinjar y la frontera sirio-iraquí y la eliminación del PKK de la zona. Para ello, el GRK y el Gobierno federal desplegaron 6.000 efectivos, provocando una reacción violenta del PKK y sus afiliados.

Desde la firma del acuerdo, se han producido varios ataques a puestos de control fronterizos y enfrentamientos directos. Turquía seguirá presionando por erradicar al PKK de Irak -también pide el cierre del campamento de refugiados de Makhmour, controlado por la organización armada-, pero esto podría llevar a crecientes episodios de tensión en el norte de Irak o incluso a un conflicto armado de baja intensidad.

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Restos de un combate contra el Estado Islámico en Irak. Foto: Lluís Miquel Hurtado.
SEGURIDAD

El Estado Islámico resurge

La muerte de 28 soldados sirios en una emboscada a finales del año pasado y un doble ataque suicida en el centro de Bagdad con dos docenas de muertos el 21 de enero, indican que el Estado Islámico (EI) no sólo no ha desaparecido sino que está recobrando vigor. Tras la pérdida de sus territorios en Irak y Siria, en marzo de 2019, el EI ha logrado sobrevivir físicamente en áreas remotas de ambos países, al mismo tiempo que ha conservado parte de su infraestructura operativa cerca de ellos y su bandera tiene leales en Malí, Níger, Afganistán o Filipinas.

El pasado 28 de enero, en una operación dirigida por el INIS, el Servicio de Inteligencia Nacional de Irak, se eliminó al considerado como principal líder del EI en el país, Abu Yaser al-Issawi, junto a otros 10 presuntos miembros a las afueras de la ciudad de Kirkuk. A ello hay que añadir la detención de numerosos extranjeros vinculados al EI en Turquía, durante el pasado diciembre.

Estas acciones demuestran que el EI tiene capacidad de reconstruirse pese a los numerosos golpes sufridos. Por ello, en NÂR Research creemos que el grupo no sólo supone hoy una amenaza para Siria e Irak. Tal y como su fase de expansión territorial, en 2014, propició atentados sangrientos por todo el globo -muchos de los autores eran adeptos encandilados por el surgimiento del EI-, un nuevo período de actividad podría repercutir negativamente en Occidente.

A ello hay que añadir la todavía irresuelta situación de los prisioneros europeos del EI y de sus familiares, entre ellos menores, que languidecen en campos y celdas del noroeste de Siria. Aunque la presidencia de Joe Biden podría brindar más fondos para el sistema penitenciario que los alberga, la prolongación de este conflicto, por el desinterés de los gobiernos en hacerse cargo de sus nacionales apresados, puede ser la semilla de uno mayor a medio plazo.

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ECONOMÍA

¿Levantará EEUU las sanciones contra Irán?

El recién nombrado secretario de Estado, Antony Blinken, ha enfriado las expectativas de un retorno rápido al cauce del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o pacto nuclear). Después de que Donald Trump se retirase unilateralmente reimponiendo sanciones, e Irán le replicase renunciando a varios de sus compromisos e incrementando la actividad nuclear, ambos exigen a su contraparte que dé el primer paso en la secuencia para regresar al acuerdo.

La respuesta de Teherán está fuertemente influida por la campaña para las presidenciales del próximo junio. El Gobierno centrista debe mostrarse más duro que antaño mientras el tiempo corre en su contra. Una baja participación, como se prevé, podrá beneficiar a la línea dura que, sin renegar de la diplomacia, será más reticente que el Ejecutivo tecnócrata actual a abordar cuestiones sensibles.

Hay, además, datos que indican que el efecto de las sanciones podría estar difuminándose. Irán acaba de anunciar cifras de exportación de crudo récord en época de sanciones. Si antes de estas se alcanzaron los 2,5 millones de barriles diarios, en los cinco últimos meses puede haberse superado el millón de media, principalmente mediante exportaciones a China. Aparte, el FMI prevé que la economía iraní crezca durante 2021.

Por lo tanto, en NÂR Research descartamos que las sanciones se vayan a levantar a corto plazo. Sin embargo, la predisposición general al diálogo podría propiciar un clima de gestos como la reintroducción de exenciones para ciertos negocios. Dos claves para alcanzar este estadio serán la designación de Rob Malley como enviado de EEUU para Irán -pese a la oposición de los halcones- y la oportunidad de mantener contactos iniciales en conversaciones técnicas en el marco del PIAC.

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VIAJES

Las aerolíneas regionales aprueban el pasaporte COVID

Las dos principales aerolíneas de Emiratos Árabes Unidos, Emirates y Etihad, iniciarán en los próximos meses pruebas piloto con sus propios “travel pass”, pasaportes digitales que, mediante un código QR, permiten certificar que un pasajero está libre de COVID-19 bien porque se ha sometido a un test o porque está vacunado. Siguen así la estela de lo indicado por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), que ha desarrollado también un travel pass en uso desde diciembre por parte de Singapore Airlines y que pronto adoptará IAG, la matriz de British Airways e Iberia.

Desde NÂR Research podemos confirmar que una empresa tecnológica española mantiene negociaciones con una de las aerolíneas emiratíes para desarrollar un sistema de integración de los diversos travel pass que se están empezando a utilizar. Dicha plataforma tiene como objetivo certificar la identidad del viajero, así como la validez temporal y geográfica de los análisis y documentos aportados, ya que cada país cuenta con diferentes regulaciones anti-COVID.

La Unión Europea también está debatiendo la pertinencia o no de un “pasaporte de vacunas”, con España y Grecia a la cabeza de los países que apuestan por ello -arguyen que la vacunación haría innecesario someterse a test PCR-. Por el momento, Francia y Alemania se oponen. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha propuesto una vía que integre tanto la cartilla de vacunación como los test, es decir, el modelo que están siguiendo las aerolíneas.

Para quienes deban viajar a Oriente Próximo, el Mediterráneo Oriental o el Cáucaso, NÂR Research dispone de un servicio de videoconsulta sobre regulaciones anti-COVID y consejos de viaje. Para recibir más información, escriba a [email protected]

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Los últimos incidentes en el Mar Rojo tienen un impacto negativo en el comercio marítimo. A los diversos ataques registrados contra buques mercantes en sus aguas se suman la inestabilidad en el Mar Arábigo y el estrecho de Ormuz: atentados con barcos explosivos como el registrado en Yeda, actos de piratería y retenciones de buques. La designación del movimiento Huzí como grupo terrorista por parte de Estados Unidos podría incrementar la posibilidad de ataques contra el tráfico marítimo.

Toda esta inestabilidad provoca el alza de los precios de los seguros para los barcos que naveguen por esta región. Sus pólizas incluyen un seguro anual que cubre el riesgo de guerra, así como otra prima adicional por incumplimiento al adentrarse en áreas de alto riesgo, que se calcula de forma separada de acuerdo con el valor del barco.

Según estimaciones, las tasas de incumplimiento han aumentado de un 0,012%, a finales de diciembre, a un 0,015% a mediados de enero. Eso se traduce en decenas de miles de dólares por un viaje de siete días. La persistencia de estos riesgos para la seguridad no sólo aumentará estas primas, sino que puede resultar en el desvío de tráfico marítimo por el sur de África, con el consiguiente aumento del precio del transporte y su repercusión en el precio de los productos para los consumidores.

Victoria Silva, Analista de NÂR Research