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1 de diciembre de 2020 Nº 0001

Por el equipo de analistas de

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TURQUÍA

Ofensiva de terciopelo para salvar la economía

Recep Tayyip Erdogan ha hecho un extraño acto de contricción. En uno de sus recientes discursos, el presidente turco defendió el anclaje de Turquía en Europa y la necesidad de reformas para mejorar la Justicia y garantizar los Derechos Humanos. En economía, subrayó la necesidad de transparencia, predecibilidad y estabilidad y apostó por adoptar medidas para reducir la inflación y el déficit por cuenta corriente "aunque la medicina sea amarga". Todo ello tras dos decisiones sorpresa:

Estos cambios buscan revertir un escenario sombrío, fruto de la crisis global causada por la pandemia y los desequilibrios internos. Desde la llegada de Albayrak al cargo, en 2018, la antaño pujante economía turca ha experimentado un rápido declive --9.9% en el segundo trimestre de 2020 respecto al mismo periodo del año anterior, +6,7% en el tercer trimestre-; la tasa de desempleo ha crecido hasta superar el 13% -economistas como Mahfi Egilmez calculan que podría ser el doble-, la inflación lleva cuatro años estancada entre el 11 y el 16% -aunque otros estudios creen que es superior- y la lira turca ha perdido un tercio de su valor sólo durante 2020. Pese a quemar sus reservas de divisa hasta dejarlas en sus niveles más bajos en 20 años, el Banco Central no ha logrado estabilizar la situación.

Ejemplo gráfico tomando como producto de referencia un alquiler, cuyo aumento de precio anual está regulado y vinculado al Índice de Precios de Consumo (TÜFE), para mostrar la convergencia de dos variables que han marcado la economía turca en la última década: una creciente inflación y la progresiva devaluación de la moneda local.

 

Si bien las razones de esta debilidad económica son fundamentalmente internas, en NÂR Research consideramos dos desencadenantes para los recientes cambios:

  • La necesidad de prepararse para la llegada de la Administración Biden, quien parte de una posición hostil pero buscará tender puentes (un tema que tratamos en nuestro anterior boletín especial).
  • La posibilidad cada vez más real de sanciones por parte de EEUU (Casos S-400 y Halkbank) y la UE, a raíz de su despliegue en el Mediterráneo Oriental.

Los mercados reaccionaron positivamente a los relevos -la lira se revalorizó un 10%, si bien luego cayó un 4%-, síntoma de que tanto Agbal como Elvan, pese a ser hombres fieles a un presidente adicto a las recetas económicas heterodoxas, generan confianza. Los ven más serios y cercanos a la ortodoxia financiera que su antecesor y de ellos se espera una política más previsible y en línea con las expectativas del mercado.

 

Sin embargo, queda por saber si tendrán más margen de actuación que sus predecesores, sometidos a los constantes intentos de Erdogan de dirigir la economía e insistir en un discurso que achaca las crisis a conspiraciones de "fuerzas externas". Las primeras decisiones del Banco Central van en la línea de lo esperado: aumento de la tasa de interés en 475 puntos básicos (hasta el 15%), simplificación de la política monetaria y de los instrumentos de financiación.

 

Según la agencia de rating Scope "esto demuestra que Agbal tiene influencia sobre el presidente turco para convencerle de que tolere tipos de interés más altos para luchar contra la inflación", aunque no está claro que vaya a ser suficiente para acometer reformas de más calado. Timothy Ash -del fondo de inversión BlueBay-, aun considerando a Agbal "un soplo de aire fresco", cree que en un periodo de seis meses Erdogan podría volver a presionar por una bajada de tipos para recalentar la economía y facilitar el flujo de crédito con la vista puesta en próximas elecciones.

 

En NÂR Research esperamos un periodo de unos meses de cierta estabilidad cambiaria  -entre 9 y 10,5 liras por euro / 7,5-9 liras por dólar-, a menos que una nueva crisis política -o el anuncio de sanciones- sacuda de nuevo a la lira. Falta mucho para que se restaure la confianza en la moneda como demuestra el hecho de que muchos particulares han aprovechado el momento de apreciación de la lira para adquirir dólares y euros en previsión de futuras devaluaciones.

Justicia market friendly pero limitada en lo político

 

Poco después del adiós de Albayrak, el ministro de Justicia, Abdulhamit Gül, defendió la necesidad de reformas en el sector que apuntalen la "predecibilidad" de los tribunales como "aspecto indispensable" de una economía productiva. Al mismo tiempo, el Consejo de Jueces y Fiscales publicó una circular en la que deja claro que aquellos jueces que apliquen sentencias en contra de lo dictaminado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no serán aptos para promociones, algo que podría indicar una relajación del clima de persecución contra la oposición.

 

Medios progubernamentales, así como altos cargos del Ejecutivo y del partido gobernante AKP, han aventurado la posible excarcelación del político kurdo Selahattin Demirtas, el periodista Ahmet Altan y el empresario y filántropo Osman Kavala, que llevan hasta 4 años en prisión pese a resoluciones del Tribunal de Estrasburgo en su favor. Sin embargo, Erdogan se ha encargado de poner coto a este debate y a unas medidas a las que también se opone su socio de coalición, el partido ultraderechista MHP. De hecho, uno de los políticos que propuso estas excarcelaciones, el conservador Bülent Arinç, ha dimitido de su cargo en el consejo asesor de Presidencia.

 

Esta nueva política 'reformista' está destinada a restaurar la confianza en la dirección económica del país y a lavar -aunque sea superficialmente- una imagen  extremadamente negativa en lo político que, sin duda, influye en las decisiones de los inversores extranjeros. Con todo, el actual equilibrio de fuerzas en el Gobierno turco nos lleva a pensar que las reformas políticas no pasarán de un simple maquillaje. Como señalan algunos analistas, Erdogan se ha hecho cada vez más dependiente de su alianza con el MHP para mantenerse en el poder, lo que le convierte en rehén de esta formación ultranacionalista.

 

Nuevos equilibrios de poder

 

Erdoğan ha sacrificado la dama para salvar al rey. Ante la reducción de la intención de voto, que un sector del AKP atribuye al empeoramiento de la situación económica, el líder apartó a su propio yerno, lo que le permite justificar un nuevo cambio de rumbo de unas políticas cuyo responsable último era él mismo. Albayrak era considerado el sucesor natural de Erdogan, pero las relaciones con su suegro se han deteriorado hasta tal punto que el ya exministro de Finanzas se ha negado a participar en la ceremonia del traspaso de carteras.

 

Con su salida, pierde influencia la facción que más poder había amasado en los últimos años en el seno del AKP y del propio Gobierno: los llamados Pelícanos, de los que forma parte Albayrak, directivos y periodistas ligados al grupo Sabah, empresarios, políticos… Las facciones más tradicionalistas del AKP ven con suspicacia a este grupo, al que consideran formado por arribistas sin experiencia, pero que ha llegado a controlar los nombramientos burocráticos, incluidos en la Justicia y el Banco Central, y a derribar al exprimer ministro Ahmet Davutoglu

 

Tanto Agbal como Elvan fueron ministros en el Gobierno de Binali Yildirim, viejo y leal colaborador de Erdogan, pero que había visto con resentimiento el auge de los Pelícanos.  Otros dos exministros del gabinete de Yildirim, Efkan Ala y Nihat Zeybekçi, han sido promocionados a cargos de responsabilidad en el Gobierno y el AKP, lo que indica que esta facción está recuperando poder.

 

El otro gran beneficiado es el ministro de Interior, Süleyman Soylu, quien tras la marcha de Albayrak queda colocado como favorito a una eventual sucesión de Erdogan. Es el candidato que concita más apoyo popular, además de servir de enlace con la ultraderecha del MHP y otros grupos nacionalistas con gran influencia en el Gobierno. Erdogan envió en octubre a Bruselas a su portavoz, Ibrahim Kalin, para convencer a la UE de no aprobar sanciones en el Consejo Europeo del próximo 10 de diciembre, y prometerles iniciar negociaciones con Grecia para solventar sus conflictos marítimos. Pero estos grupos nacionalistas -especialmente los eurasianistas, fuertes en el Ejército- pueden obstaculizar el intento de Ankara de acercar posturas.

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NAGORNO-KARABAJ

Cambia el Cáucaso

 

La guerra entre Azerbaiyán y Armenia por el Nagorno-Karabaj finalizó el pasado 10 de noviembre tras seis semanas de combates y unos 5.000 muertos -estimación de Rusia-. Moscú medió entre las partes para lograr un alto el fuego que, unido a los cerca de 2.000 soldados que desplegará en la zona, subraya, una vez más, que Rusia sigue teniendo la última palabra en el Cáucaso. Pero las consecuencias de este nuevo conflicto van mucho más allá.

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Mapa de las zonas recuperadas por Azerbaiyán en el Nagorno-Karabaj y los territorios que Armenia se verá obligada a devolver tras el acuerdo de paz. Autor: @CatismaGundemi

  • La victoria de Azerbaiyán -que ha logrado recuperar buena parte del territorio perdido en la guerra de 1991-1994-, podría empujar a otros estados involucrados en conflictos similares a optar por el recurso de la fuerza.
  • Unos 600.000 refugiados azerbaiyanos podrán regresar a sus hogares perdidos en los 90, pero hasta 100.000 armenios del Karabaj se verán desplazados de las que han sido sus casas en los últimos 30 años. ACNUR supervisará el proceso, que se prevé largo: no es descartable que se produzca cierta insurgencia armenia en las zonas más remotas recién transferidas a Azerbaiyán.
  • El acuerdo no puede ser más doloroso para los armenios, pero no había otra salida dada la superioridad militar de Azerbaiyán. Aun así, no ha habido una reflexión en la política armenia sobre lo que ha salido mal: ni sobre la fallida estrategia militar ni sobre el error de no haber negociado antes la entrega de algunos territorios a cambio de un acuerdo de paz con Azerbaiyán. Al contrario, cientos de miles de personas se han echado a las calles contra el Gobierno de Nikol Pashinyán al que acusan de "traidor". Incluso, según el Ejecutivo, se ha desarticulado un intento de golpe de Estado
  • Pashinyán, un político de ideas liberales y métodos populistas que accedió al poder en 2018 tras una revuelta popular contra la corrupción, se tambalea y le resultará muy difícil mantenerse en el poder. Uno de los objetivos de Moscú en este contexto es, de hecho, su caída y el regreso de la vieja élite del Partido Republicano. Esta sería una mala noticia para la inversión extranjera que había mostrado cierto interés en el pujante sector tecnológico del país, más aún tras las reformas emprendidas por el nuevo Ejecutivo.
  • El acuerdo de alto el fuego no es un acuerdo de paz, pero congela el conflicto por un plazo mínimo de cinco años. Idealmente esto debería servir para que ambos países entren en razón y negocien una paz duradera, no obstante, como señala International Crisis Group, sólo podría ocurrir si Armenia no se siente humillada en su derrota -algo a lo que no contribuyen nada las mofas del presidente azerbaiyano-.
  • Turquía es otro de los ganadores: ha establecido el Cáucaso bajo su área de influencia -aunque todavía debate con Rusia cómo se desplegará su contingente militar de observación del alto el fuego-; la guerra le ha servido de escaparate para sus drones, que han dejado en evidencia a los sistemas antiaéreos rusos y el Gobierno de Bakú ha quedado eternamente agradecido, lo que se traducirá en gas y petróleo a precios ventajosos en un momento en que Ankara busca suministradores de energía que sustituyan a los rusos -cuyos contratos son más caros-.
  • La apertura de un corredor que una el enclave de Najichevan y el resto de Azerbaiyán a través de territorio armenio -contemplado en el acuerdo de alto al fuego- ofrece además a Turquía una vía de comercio directo con Azerbaiyán y podría estimular los intercambios comerciales con el Cáucaso y Asia Central. 
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Marcha atrás de Bin Salmán

 

El encuentro sorpresa de Benjamín Netanyahu y el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salmán, no salió como el premier israelí esperaba. Según el Wall Street Journal, el príncipe heredero saudí dio marcha atrás en un reconocimiento de Israel que se daba por inminente, siguiendo la estela de Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o Sudán. El interés saudí en buscar un encaje favorable con Joe Biden le impidió dar el paso.

 

Pero no significa que este no vaya a producirse. Creemos que bin Salmán, que demandó de los israelíes apoyo institucional para la compra de armas avanzadas estadounidenses, su blanqueamiento para dejar atrás el escándalo Khashoggi y una solución de dos Estados para Palestina, retrasará su acuerdo de normalización para poder usarlo a su favor con la nueva administración de EEUU. Riad podría ofrecer su luz verde a cambio de disuadir a Biden de exigirle reformas en materia de Derechos Humanos.

 

En lo que saudíes e israelíes parecen estar de acuerdo, con o sin normalización, es en su voluntad de hacer frente conjunto contra Irán. En el encuentro secreto celebrado en Neom, desmentido por la Casa Real, participaron el jefe del Mossad y el secretario de Estado Mike Pompeo, uno de los halcones de la Casa Blanca e impulsor de sanciones. La cita tuvo lugar apenas cinco días antes del asesinato de un científico nuclear iraní.

 

Middle East Eye matiza que fue bin Salmán, disuadido por los últimos ataques a su infraestructura energética, quien no respaldó las intenciones israelíes de atacar las instalaciones nucleares de Irán. Sin embargo, sí puede haber accedido a rebajar la tensión con Qatar, abrir el espacio aéreo a sus aviones, que hasta ahora volaban por el iraní, y así contribuir a dañar aún más la economía iraní.

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Asesinato contra la diplomacia

 

Irán ha culpado del asesinato del científico nuclear Mohsen Fajrizadé a Israel, que ha hecho de la negación plausible una de sus señas cuando de este tipo de incidentes se ha tratado. Se le atribuyen hasta cinco asesinatos similares desde 2010. Los atentados anteriores se produjeron cuando Irán y EEUU, entonces vicepresidido por Joe Biden, comenzaban en secreto un diálogo que desembocó en el acuerdo nuclear de 2015, para disgusto de Israel.

 

Aquel pasado se asemeja al presente: Biden ha expresado sus intenciones de restablecer puentes diplomáticos con Irán. Las recientes protestas en Teherán exigiendo no comprometerse con EEUU son la primera señal de que el ataque ha logrado uno de sus objetivos: obstaculizar un eventual intento de abrir una vía diplomática que lleve a la estabilidad de Irán.

 

La presión es interna y externa. En Irán, a un Gobierno debilitado por la estrategia de 'presión total' de la Casa Blanca le quedan apenas seis meses hasta que lo releve muy posiblemente una administración principista. Aunque un gobierno así no tiene por qué rehuir de las negociaciones -el pacto atómico se comenzó a fraguar con Mahmud Ahmadineyad-, estas serán mucho más caras de vender dentro de Irán, llegado el momento, y mucho más rocosas para el equipo de Biden. Al presidente electo le queda una diminuta ventana temporal para actuar, que podría cerrarse de golpe con otro ataque.

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Bir Başkadır

Netflix presenta la Turquía real

 

No ha sido sólo por la controversia de algunas escenas, como la del uso de un hiyab como objeto sexual. Tampoco por la gran calidad de su trabajo cinematográfico, que retrotrae al espectador a la época dorada del cine Yesilçam turco.

 

Lo que, según nosotros, convierte Nos conocimos en Estambul -en inglés Ethos y en turco Bir Baskadir- es su retrato natural de la sociedad turca, que contrasta con las telenovelas que han hecho célebre a Turquía fuera de sus fronteras.

La serie conecta a Meryem, una joven conservadora de educación básica y raíces rurales, con una serie de personajes que reflejan estratos distintos de la multidimensional sociedad estambulita.

 

El director, Berkun Oya, evita reducir el guión a un conflicto entre laicistas y piadosos, algo que resultaría más familiar entre los espectadores internacionales; por contra, refleja con brillantez los tics y vicios de cada grupo social y sus conflictos y contradicciones internas sin dar lecciones de moralidad. Es más, Oya logra que el televidente simpatice con todos los personajes.

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Aunque el jefe del Estado Mayor iraní ha jurado "venganza severa" -parafraseando la respuesta al asesinato del general Qasem Soleimaní-, el Ejecutivo ha matizado que esta llegará "en el momento y lugar oportunos". 

Esta predisposición a prolongar su doctrina de 'paciencia estratégica' hasta que Joe Biden tome posesión del cargo, el próximo 20 de enero, puede ser vista como una flaqueza por los damnificados por su elección. Sin disuasión, podrían animarse a golpear de nuevo.

Un nuevo golpe, sobre todo si es frontal y conlleva víctimas mortales, y, como este, recibe una condena internacional más bien tibia, podría colmar la paciencia iraní y contribuir a un desastre de consecuencias incalculables. Nos quedan dos meses agónicos.

Lluís Miquel Hurtado, Analista de NÂR Research