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10 de Noviembre de 2020

Boletín especial

El Mediterráneo Oriental en la era Biden

Del equipo de analistas de

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Más institucionalidad y menos sobresaltos

El Presidente electo de los EEUU es un viejo conocido en esta región. Como mano derecha del expresidente Barack Obama, Joe Biden fue el encargado de limar, con el líder turco Recep Tayyip Erdogan, las asperezas que dejó el golpe de Estado fallido de 2016. Biden es, además, un veterano de las negociaciones con regímenes hostiles. Uno de sus últimos hitos fue vender a los estadounidenses el acuerdo nuclear firmado con Irán hace un lustro.

El equipo de NÂR Research & Consulting ha elaborado un breve análisis de los escenarios que se abren en la región del Mediterráneo Oriental y Oriente Próximo por la victoria de Biden. Prevemos un retorno a la institucionalidad de las relaciones, una mayor predecibilidad y una recuperación del factor de los derechos humanos como parte de la política exterior de EEUU, que la Administración Trump había obviado completamente. 

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Irán: lenta recuperación de la confianza perdida

  • Joe Biden ha abogado por "regresar [al acuerdo nuclear de 2015] como punto de partida para proseguir con unas negociaciones" siempre y cuando "Irán regrese al cumplimiento estricto" del pacto atómico; Teherán ha dicho que revertirá las medidas tomadas, en respuesta a las sanciones de Trump, si Biden antes levanta todas estas y le compensa por el daño que han provocado. 
  • La desconfianza gobierna la reacción de los iraníes, resentidos con EEUU, por violar en 2017 un compromiso internacional que exigió un difícil consenso interno para firmar, y con la UE, por no plantar cara frontalmente a las sanciones. Esto ralentizará cualquier acercamiento de Biden. 
  • Dos dinámicas opuestas a la diplomacia: los líderes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), progresivamente alineados con Israel, y el ala dura iraní, pujante gracias a la dilapidación del crédito político del Gobierno centrista de Hasan Rohani por haber avalado un pacto nuclear que no ha traído mejoras económicas ni libertades para el pueblo.
  • En consecuencia, la estrategia de "presión máxima" de Trump puede desembocar en la elección, en las presidenciales iraníes del próximo junio, de un Presidente menos inclinado por tender puentes con Occidente y más partidario de usar la fuerza para confrontar los intereses de EEUU en la región.
  • Trump y los aliados de EEUU en el Golfo Pérsico planean más sanciones a Irán para dificultar todavía más los planes de Biden. Un problema añadido son las sanciones no nucleares de Trump -en particular contra la Guardia Revolucionaria-. A Biden le costará convencer al Legislativo de levantar estas últimas.
  • Prevemos, así, un proceso lento hacia un eventual acuerdo y la posibilidad de que, en medio año, Biden tenga en Teherán a un interlocutor menos reticente al compromiso y que no rehúya de los escenarios de tensión. Con todo, la urgencia iraní de recuperar su economía puede llevar, a corto plazo, a entendimientos tácitos que propicien un diálogo a medio o largo plazo.
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Turquía: difícil encauzamiento de unas relaciones deterioradas

  •  El Gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha perdido a Trump, su vía directa de influencia en la administración estadounidense. Esta le había permitido evitar algunas de las consecuencias de sus malas relaciones con EEUU, deterioradas progresivamente en la última década. La retirada parcial de EEUU de Oriente Próximo también ha permitido a Ankara expandir su influencia en la región.
  • Biden podría aprobar sanciones por la compra y activación del sistema de misiles defensivos ruso S-400 y las multas derivadas del caso Halkbank. Hasta ahora, Trump se había negado a aprobar sanciones. Biden se verá presionado por los congresistas que piden mano dura con Ankara, pero también podría optar por dejar las sanciones en suspenso como herramienta de negociación, o aprobar las más leves dentro del rango que ofrece la legislación CAATSA.
  • Un indicador de que Turquía se prepara para que esto pueda afectar a su ya de por sí dañada economía es la repentina sustitución del gobernador del Banco Central, Murat Uysal, por el exministro de Finanzas Naci Agbal, que despierta mayor confianza en los mercados. A su nombramiento le ha seguido la dimisión del actual ministro de Finanzas y yerno de Erdogan, Berat Albayrak, y su sustitución por Lütfi Elvan, un hombre leal a Erdogan que no contradirá sus políticas, pero cuyo talante genera confianza en los mercados.
  • La lira turca ha recibido estos sucesos con ganancias tras acumular pérdidas por un tercio de su valor de cotización frente al dólar durante el último año. Con todo, la depreciación de la lira turca continuará a menos que se ponga coto a los problemas internos que son el origen de su debilidad.
  • La nueva Administración buscará mejorar las relaciones con Turquía. Biden tiene experiencia en el trato con Erdogan de sus tiempos como vicepresidente de Barack Obama. La re-institucionalización de las relaciones permitirá reconstruir los puentes con los diplomáticos turcos del Ministerio de Exteriores, marginados por el modo de hacer política de Erdogan.
  • El futuro de las relaciones dependerá de los equilibrios entre las facciones en que se apoya Erdogan. Al frente de las Fuerzas Armadas Turcas se halla un grupo de oficiales de tendencia eurasianista, favorable a incrementar su cooperación con Rusia y China y ser cada vez más independientes de la OTAN. El ultraderechista MHP ha evolucionado también hacia una postura antiestadounidense. Pero el presidente turco modifica habitualmente sus alianzas. No es descartable un nuevo giro táctico a fin de aclimatarse a la nueva presidencia de EEUU, por mucho que sus discursos públicos indiquen lo contrario.
  • Ankara espera que sus adversarios en la región -fundamentalmente Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto- salgan peor parados que Turquía en las nuevas políticas de la Administración Biden.
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Israel - Palestina: oposición al expansionismo israelí

  • El gobierno de Benjamin Netanyahu es consciente de que la victoria de Biden supone un retorno al status quo anterior. No sólo al consenso internacional sobre la necesidad de una solución de dos Estados, sino también a la oposición de cualquier iniciativa unilateral que socave ese objetivo, como las políticas de anexión de territorio o expansión de los asentamientos.
  • La vicepresidente electa, Kamala Harris, ha dado a entender que Biden tomará medidas inmediatas para restaurar la asistencia económica y humanitaria a los palestinos e intentará abordar la crisis humanitaria en Gaza.
  • El nuevo ejecutivo estadounidense no será tan tolerante como la Administración Trump respecto a las ampliaciones de los asentamientos en Jerusalén este y Cisjordania, o la demolición de casas en el área del valle del Jordán. El plan de anexión de Cisjordania queda enterrado, así como el Plan de Paz basado en incentivos económicos promovido por el asesor especial de Trump para Oriente Medio, Jared Kushner.
  • En su lugar, se espera el regreso a unas negociaciones basadas en los Acuerdos de Oslo, aunque adaptándolas hasta cierto punto a las nuevas realidades sobre el terreno, con el objetivo de volver a los parámetros de la resolución 2334 relativa a los asentamientos o los acuerdos en materia económica y financiera de París.
  • EEUU mantendrá su Embajada en Jerusalén. Biden así lo expresó durante su campaña. No obstante, reabrirá el Consulado General en Jerusalén, que sirve como representación diplomática ante la Autoridad Palestina. Además, se espera que vuelva a autorizar la sede de la OLP en Washington.
  • Cabe esperar que la Administración Biden apoye el reconocimiento de Israel por parte de varios estados de la Liga Árabe. Arabia Saudí podría ser el siguiente.
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Países del CCG: más DDHH pero sin rendir cuentas

  • Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Qatar han perdido a un dirigente complaciente que jamás cuestionó su autoritarismo o sus acciones, aun condicionando la política exterior de los EEUU, ni pidió explicaciones por escándalos como el asesinato de Jamal Khashoggi. Las compras masivas de armas y sus incipientes acuerdos con Israel fueron suficientes para satisfacer a Trump. Este flujo de armamento persistirá; Riad y Abu Dabi llevan varios años estando entre los principales compradores de armamento del mundo. Emiratos es, aparte, uno de los principales clientes de EEUU y Francia.
  • Aunque el tiempo tomado para felicitar a Biden por la victoria son síntoma del descontento regional con la elección de los estadounidenses, no hallamos señales de que Biden esté dispuesto a alterar el juego de alianzas de EEUU con estos países, aunque prevemos una relación más constreñida, en la que el discurso de los derechos humanos cobre importancia. Asi se desprende del comunicado que su campaña publicó en el segundo aniversario del asesinato de Khashoggi, en el que, a diferencia de mensajes anteriores, no exigió rendir cuentas, pero sí reevaluar sus relaciones con Arabia Saudí en base al respeto a los DDHH.
  • El curso de la relación estará marcado por los previstos acercamientos de la Casa Blanca a Irán, que podrían venir de la mano de un esfuerzo de EEUU para articular un amplio acuerdo de seguridad para la región, que contribuya a acabar con la guerra en Yemen y rebaje la violencia en Irak.
  • La constatación del fracaso de la doctrina de "presión máxima" de Trump contra Irán, que trajo más inestabilidad al Golfo Pérsico, puede animar a saudíes y emiratíes, los más opuestos a Teherán, a explorar soluciones alternativas, basadas en el diálogo, aunque tienen un contrapeso que puede resultar conflictivo.
  • Emiratos y Bahréin han normalizado sus relaciones con Israel y se espera que eventualmente Arabia Saudí haga lo propio, en un esfuerzo israelí por acomodarse en la región y garantizarse un frente amplio contra Teherán. Su beligerancia podría entorpecer los planes de Biden con Irán.
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Egipto: ajustes para que nada cambie

  • El 7 de noviembre, a medida que se iba perfilando la victoria de Biden, el Gobierno de Abdelfatah Al Sisi liberó a varios presos políticos. Es un ejemplo de que El Cairo comprende bien que los derechos humanos vuelven a ser un elemento, si no esencial, sí al menos a tener en cuenta en las relaciones exteriores de EEUU. 
  • Egipto es considerado un país clave en la lucha antiterrorista, la arquitectura regional y el apoyo a Israel. Desde 1980, el país viene recibiendo una media de más de 1.700 millones de dólares anuales en ayuda estadounidense, el 89% de la cual corresponde a ayuda militar. Esto ha sido así tanto con administraciones demócratas como republicanas, y no se espera un cambio radical en este sentido.
  • Durante la Administración Trump, las relaciones EEUU-Egipto se han caracterizado por una notoria indiferencia hacia las actividades de este país, lo que le ha permitido, entre otras cosas, una agresiva campaña en apoyo del mariscal Jalifa Haftar en la guerra civil en Libia y un tímido acercamiento a Rusia. Una mayor supervisión por parte del Departamento de Estado de EEUU reducirá el margen de actuación del presidente Sisi en estos y otros ámbitos.
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Siria: coherencia aunque sin planes claros

  • Tras años de bandazos con Trump, que han costado víctimas civiles, Joe Biden traerá coherencia, aunque sus promesas electorales no han permitido aclarar qué planes tiene para su despliegue de medio millar de efectivos, situados mayormente en la región autónoma informal dominada por la milicia kurdosiria YPG/J, afiliada al PKK.
  • Biden siente predilección por los kurdos -para frustración turca- por lo que prevemos que rechazará el repliegue total previsto por Trump -del que renegó a última hora alegando la necesidad de controlar los pozos de petróleo-. El Presidente electo podría escudarse en la amenaza persistente del Estado Islámico (EI).
  • La presencia estadounidense seguirá sufriendo la presión de Rusia, que ahora patrulla parte de la región kurda. El Gobierno sirio, su aliado, podría seguir tratando de intercambiar sus prisioneros estadounidenses por un repliegue total de tropas.
  • Tras la experiencia fallida de apoyo a los rebeldes durante la era Obama, no prevemos que Biden intervenga en el bastión rebelde de Idlib, bajo amenaza de una ofensiva oficialista que desate una catástrofe humanitaria, más allá de proseguir con la campaña del Pentágono de ataques contra objetivos de Al Qaeda.
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Irak: retirada de tropas y visión reduccionista

  • El controvertido papel jugado por Biden en el debate que llevó a la intervención en Irak de 2003, pronunciándose en el Congreso firmemente a favor de la resolución -que luego calificó de error-, sigue siendo mayormente desconocido o incomprendido por el gran público.
  • A pesar de ello, el Presidente electo se comprometió a concluir las 'guerras eternas' -en clara referencia a Irak, Siria y Afganistán- mediante una reducción de tropas, salvo para combatir el terrorismo islamista. Esta decisión está marcada por la tomada durante la era Obama, que provocó un vacío de poder en Irak, que, en buena medida, posibilitó el auge y posterior establecimiento del EI en el norte del país.
  • Para Biden el problema no solamente radica en las organizaciones terroristas sino también en el conflicto sectario y las consiguientes cuestiones sociales, políticas y económicas subyacentes. El presidente está a favor de la división de Irak en zonas autónomas. Así lo proponía en un artículo escrito en el New York Times en 2006, en la que dispone tres zonas autónomas -kurda, suní y chií-, ignorando por completo ciertas realidades sobre el terreno. Una visión que ha irritado a Turquía.
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Presencia de tropas de EE.UU. en la región (por número)

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Fuente: NÂR Research & Consulting.
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Mediterráneo Oriental: más cooperación militar con Grecia y Chipre y diplomacia para evitar conflictos

  • La posición oficial de Washington es que Turquía y Grecia -ambos miembros de la OTAN- deben solucionar sus problemas mediante el diálogo. Eso no va a cambiar con Biden. Al contrario, se incrementará la actividad diplomática para, junto a la UE, hallar una solución que evite mayores roces en el Mediterráneo Oriental.
  • La Administración Trump había aumentado significativamente sus contactos con Grecia y la relación podría adquirir tintes estratégicos. El Pentágono busca, desde hace años, reducir su dependencia de la base turca de Incirlik, hasta ahora clave para la estrategia estadounidense en Oriente Próximo. De ahí que se esté explorando la posibilidad de ampliar la presencia estadounidense en la base naval de Souda Bay, en Creta. 
  • Aunque la comunidad heleno-americana no está tan organizada como la armenia, Atenas espera que la elección de 11 representantes de origen griego, tanto demócratas como republicanos, ayude a influir a su favor en los pasillos de Washington. Según el excandidato presidencial Michael Dukakis, de origen griego, Biden ha sido cercano a la comunidad heleno-americana durante toda su carrera, algo de lo que también pretende beneficiarse Chipre.
  • El embargo estadounidense de armas que pesaba sobre Chipre desde 1987, fue levantado este año, enfureciendo a Turquía. Nicosia espera que esto se traduzca en una mayor cooperación militar que ayude a aumentar la presión internacional hacia Turquía.
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Cáucaso: interés recobrado aunque obstaculizado por Rusia y Turquía

  • Es previsible que Joe Biden retome cierta actividad diplomática, en contraste con el absoluto desinterés por esta región del Gobierno Trump. Durante su campaña, Joe Biden publicó un comunicado en el que criticaba la “pasividad” de Washington en la nueva guerra del Nagorno-Karabaj, pedía a Azerbaiyán abandonar la vía militar y a Armenia que devolviese las provincias circundantes al control de Bakú, y exigía a Turquía e Irán permanecer fuera del conflicto.
  • No es de esperar que el nivel de implicación estadounidense sea tan alto como durante el periodo de activismo de los años 2000 liderado por el senador republicano John McCain. Además, hallará grandes obstáculos por parte de Rusia y Turquía, que pretenden limitar la influencia de terceros países en la región.
  • La Diáspora Armenia se concentra especialmente en el estado de California y tiende a votar a los demócratas. La comunidad armenia está bien organizada políticamente a través del Caucus Armenio. Están adscritos más de un centenar de parlamentarios demócratas y republicanos, lo que puede avanzar las tesis armenias frente a las turcas y azerbaiyanas dentro de la Administración.
  • Pero siempre ha habido un grupo de congresistas y senadores implicados en profundizar las relaciones con Azerbaiyán, dentro del plan de Washington de reforzar la vía azerbaiyana de suministro energético hacia Europa, con la intención estratégica de reducir la dependencia europea del gas ruso.